KNOCK KNOCK KNOCK!!!

Adelante... pasa... como si estuvieras en tu casa...

22.2.08

Rufina: The beginning

Rufina nació en el seno de una familia adinerada sin problemas para llegar a fin de mes. La holgura de su billetera les permitía llevar los calcetines sin agujeros remendados, hacer canelones sin reciclar sobras de comida, no forrar los libros del colegio con aironfix y no tener que ahorrar agua prescindiendo de hacer tiramisú.

Todo iba viento en popa en esa época. Los padres de Rufina llegaron a comprarse un piso en la ciudad con piscina climatizada en el comedor y jacuzzi en la jardinera del balcón, y adoptaron por mascotas dos perros vegetarianos, un periquito amarillo con dermatitis y tres gatos pardos con estampado de cuadro de Gales.

Durante aquellos tiempos felices, los progenitores de Rufina solían copular muy a menudo, sin las extravagancias del sexo tántrico y sin tomar medidas preventivas.

De tanto cohabitar sus padres una noche tras otra, pasó lo que tenía que pasar. La mamá de Rufina comunicó a su marido (y padre de la futura criatura) que estaba preñada. El padre, repleto de gozo, corrió a comprarle a su esposa un bonito anillo de oro blanco coronado por un tremendo diamante en talla brillante con la inscripción ‘Me haces el hombre más feliz del mundo, amor mío. Espero que este retoño tenga tus ojos y tu sonrisa, y tenga mis sobacos y mis lóbulos de las orejas. Que este bebé colme nuestro amor coronándolo de la felicidad más absoluta. No solo te quiero sino que te adoro y beso el suelo que pisas. Tu amante esposo. Eulogio’. Todo ello escrito en Arial 0.000002 en la parte interior del anillo, que tenía aproximadamente 0.7 cm de ancho. Cada vez que Rufina miraba esa reliquia de familia necesitaba una lupa para leer la inscripción y tenía la sensación de que Gollum aparecería diciendo mi tessssssssssssssssooooooooooroooo.

A los nueve meses exactos, justo a la hora de comer, Rufina asomó la cabeza entre las piernas de su madre y rompió a llorar por primera vez, como pidiendo que le pusieran el primer plato. Así fue: de primero, teta. De segundo, teta. De postre, teta.

La bautizaron por todo lo alto: en una capilla situada a 1500 m sobre el nivel del mar.

Pero justamente en el momento en que la alegría de la familia se veía completada por la llegada de tan risueña niña, la desgracia se cernió sobre la casta de los Agorastegui en forma de tía Facunda.

La tía Facunda mandó al garete todo el patrimonio familiar a causa de su adicción al juego. Comenzó en lo de la ludopatía jugándose garbanzos al mus con las amigas de catequesis, y cuando llenó tres botes en una partida que duró hasta la madrugada, se animó creyendo que Santa Primitiva (patrona de los jugadores) la había tocado con la gracia de la fortuna en las apuestas.

Convencida de su designio divino de hacer el bien a través del juego ilegal, la tía Facunda cambió los garbanzos por monedas, después por billetes y más tarde por títulos de propiedad, pero la suerte es veleidosa y Facunda empezó a no ser tan afortunada como con los garbanzos. Perdió su casa del pueblo, el Supermirafiori, la zodiac del puerto y el apartamento de la playa. Jamás el mus había sido tan cruento.

A los dos meses del nacimiento de Rufina, su familia descubrió con gran asombro la ludopatía de la tía Facunda. Se gastaba cantidades indecentes de dinero en el bingo benéfico de la parroquia, en las tómbolas de los colegios de sus hijos/sobrinos/niños-que-no-conocía, en timbas ilegales de cinquillo, comprando boletos para los viajes de fin de carrera de universitarios… Y cada vez apostaba más y ganaba menos.

Nepomuceno, el marido de Facunda, acudió a la familia pidiendo auxilio. Pronto el patrimonio familiar se fue dilapidando en un frenesí de juego y borracheras de licor digestivo de hierbas y anís. La tía Facunda estaba irreconocible. Dejó de ir a misa, se quitó el pañuelo de la cabeza y lucía desvergonzada su pelo cano al viento enfundada en unos pantys tupidos de espuma de color negro con zapatillas planas gris marengo de cuadros.

Dejó de entonar las canciones de alabanza al Señor y de rezar el Angelus cada día a las 12, para volverse salvaje y cantar por Mari Trini, Jeannette y Mocedades a grito pelado por las calles mientras se arremangaba la falda dejando ver sus enaguas blancas y almidonadas.

Acabaron por vender todas las propiedades de la parentela y se quedaron todos juntos en una casa lo suficientemente grande como para albergar las rencillas familiares, los perros, el periquito y los gatos.

Pasó el tiempo y Rufina se convirtió en una muchachita de 2 años. Sus padres, que tenían que trabajar para alimentarla a ella, a sus hermanos, a sus primos, al tío Nepomuceno, a la tía Facunda, a los abuelos, a los perros, al periquito y a los gatos, le dijeron que urgía tener una charla de trascendental importancia.

- Hija, - dijo su padre en un tono triste y agorero- tu madre y yo estamos todo el día fuera de casa trabajando para mantener a esta jauría de holgazanes. Los abuelos confunden la leche con la lejía, los tíos están enajenados y es evidente que los perros, el periquito y los gatos no pueden cuidar de ti en nuestra ausencia. No podemos permitirnos una canguro ni una guardería privada, y no hay plazas para la subvencionada. Sólo nos queda mandarte a la Universidad pública, para que al menos estés allí entretenida y le saques provecho al tiempo. Por favor, hija, no vengas a pedirnos dinero para libros. Asiste a todas las clases y toma muchos apuntes, será tu única fuente de conocimientos. Si quieres, te sacas el carnet de la biblioteca, que creo que es gratuito. Nosotros te daremos quinientas pesetas a la semana para que desayunes y comas en la facultad, que para eso hay comedores de estudiantes… Si mamá puede, te vendrá a buscar a eso de las diez de la noche, que es cuando acaban las clases. Si no, toma un bus o que algún compañero o compañera te traiga a casa. Y si no, ven andando pero no te entretengas ni hables con extraños.

Rufina escuchaba a su padre y a la vez asentía. Comprendió, pese a su corta edad, que jamás tendría una infancia normal, pero eso no tenía por qué ser sinónimo de desgracia.

Se matriculó en la facultad y asistió a sus primeras clases. Se sentaba en primera fila, ataviada con un vestidito de cuadros vichy, una rebequita colorada de punto, unas merceditas rojas con hebillas plateadas y un clip con un lacito granate en el pelo. Cada mañana se levantaba pronto, se preparaba un par de rebanadas de pan con mermelada y se las llevaba a la universidad en una bolsita de tela con dibujos de ositos, gatitos y pollitos donde podía leerse ‘DESAYUNO’ escrito en diagonal, y así podía ahorrar algo de las 500 pesetas que le daban sus padres.

Paralelamente, buscó un trabajo compatible con su horario estudiantil. Trabajó de canguro, de profesora particular, de paseadora de perros, de sexadora de pollos… Y ahorraba todo cuanto podía de su sueldo y de la asignación de sus progenitores.

Abrió una cuenta en el banco de al lado de la facultad y depositaba sistemáticamente cada viernes a las doce del mediodía lo que economizaba de su sueldo y del estipendio para gastos.

Hizo amigos en la facultad con los que se iba a tomar colacao (no tenía edad para café) al bar del campus. Le pasaban los apuntes el día que tenía hora en el pediatra para las vacunas, y ella les pasaba los apuntes a ellos cuando tenían un lunes resacoso. Grandes compañeros entre sí. Quid pro quo.

A los 12 años Rufina se licenció. Podría haberlo hecho en menos tiempo, pero la escarlatina y el sarampión la retrasaron un poco en su ritmo, y en cierto momento perdió el interés y se preocupó más de vivir la vida que de estudiar.

Cuando se licenció, comprobó que tras años de ahorro de la asignación semanal y los sueldos, tenía dinero suficiente como para comprarse un coche sin tener que pedir un préstamo, quedándole un saldo disponible lo suficientemente interesante.

Fue a la autoescuela para sacarse el permiso de conducir. Le dijeron que era demasiado pequeña y no llegaba a los pedales, que volviera a los 18. Rufina no se daba por vencida fácilmente: si el Vaquilla conducía siendo un niño, ella también; si ella había podido sacarse una licenciatura, tenía que poder sacarse un permiso de conducción tipo B.

Se compró unos zapatos con alzas y volvió resuelta a la autoescuela. Después de comprobar que con las alzas llegaba a los pedales, pagó y empezó el camino hacia su independencia.

A los 13 años se sacó el carnet de conducir (la teórica a la primera y la práctica a la cuarta… se ponía muy nerviosa y del tembleque se le caían los zapatos y las alzas).

Con el permiso rosa en su mochila de oso de peluche, se encaminó a varios concesionarios de vehículos de ocasión, para comparar precios.

Finalmente, se decidió por un SEAT 124 color tabaco metalizado con faros antiniebla cubiertos por unas tapas blancas de plástico y techo negro.

Se sentó en el coche, colocó la llave en el contacto, la giró y encendió el motor. Metió primera, pisó el acelerador suavemente y pensó:

Rufina, este es el principio de tu vida…

14.2.08

De bogavantes inteligentes y otras historias

Una compañera de trabajo sueña que habla con un bogavante y que tiene que convencerlo para que vuelva al congelador. Lo mejor de todo es que el animal le contestaba.

Me he quedado con las ganas de saber cómo acababa el sueño: si el bogavante volvía al congelador, si fenecía en un arroz caldoso o si se sentaban a hablar de la insoportable levedad del ser.

Mañana le preguntaré, si no es que alguien ha decretado su ingreso urgente en un centro de salud mental (eufemismo políticamente correcto para manicomio).

Pensando incesantemente en el bogavante orador, caí en la cuenta de que yo sería incapaz de cocinar algo que me hablara. Aunque claro, un arroz caldoso de bogavante es un arroz caldoso de bogavante. Pero que me lo vendan mudo. Hablará gesticulando con sus pincitas, pero yo no me voy a enterar de nada, y ya se sabe, orejas que no oyen, paladar que disfruta.

En realidad creo que sería incapaz de cocinar algo que tan solo me mirara. ¿Cómo atacar en un gesto rápido y seguro el pescuezo (que digo yo, será la forma más rápida de matar algo) de un animal que me está mirando con esos ojos de ‘¿Para qué sirve eso que tienes en la mano? ¿Vamos a jugar a algo?'?

A decir verdad, creo que sería incapaz de cocinar y comer algo que tuviera cara. ¿Cómo clavar el tenedor en ese cuerpo cuyos ojos resecos por el calor del horno te están mirando fijamente mientras te dicen ‘¿Qué te he hecho? ¿Por qué yo? Podríamos haber sido amigos…’? ¿Cómo despedazar hábil con el cuchillo algo que tiene esa mueca de sonrisa forzada por la sequedad y la tirantez de la piel al calor de la cocción?

En cambio, un buen filete no te mira, no quiere ser tu amigo, no te pregunta por qué le das ese destino después de lo mucho que ha hecho por ti o por qué miras tanto al arroz de acompañamiento cuando el filete debería ser suficiente para ti, que para algo lo pediste de la carta. No, él no te mira ni te habla ni te increpa. Él simplemente se sacrifica para tu placer y se deja cocinar, por ejemplo, con una sabrosa salsa a la pimienta verde (y que a mí, personalmente, me sale para chuparse los dedos).

Y me pregunto, ¿qué significado psicológico tendrá un bogavante que habla?

Porque es bien sabido que el mundo onírico es un sinfín de imágenes metafóricas que nos revelan que por cuerdos que parezcamos, estamos como una chota. De ahí que algunos gustemos de comer el queso de la cabra, pisoteando y destruyendo el derecho de propiedad que toda cabra ostenta sobre su queso, así como cada pájaro lo ostenta sobre su lechuga y así sucesiva y cumulativamente hasta el infinito y más allá.

Hazme caso, si la fecha de caducidad de cualquier producto envasado es anterior al día en el que estás, tíralo a la basura, no te lo comas… o escribirás posts como éste.

6.2.08

La magia de la música

Hace un par de viernes se juntaron cuatro músicos para los que las palabras se me quedan cortas… Simplemente geniales y auténticos… Y me transporté en el tiempo, cuando les veía tocar cada viernes, ya fuera a algunos de ellos o a todos al completo (un verdadero regalo para los sentidos).

Esa noche de hace dos viernes los glóbulos rojos se encargaban de suministrar oxígeno a mis músculos para seguir bailando y gritando una canción tras otra, tras otra, tras otra, tras otra… El vino en la cena y los dos gintonics tuvieron algo que ver, pero ahora no estoy hablando de eso.

Corcheas y semicorcheas, fusas y semifusas, redondas, negras, tas y tis se encargaban de inundar cada exhalación de aire y convertirla en magia. Qué jodidamente mágica es la música. Cuánto la añoro. No recordaba hasta qué punto la echo de menos.

Me es difícil describir cómo la música se siente en las venas y recorre todo tu cuerpo, despacio, llegando a esos rincones que habías abandonado y dejado inhóspitos, cómo los llena sin hueco posible, cómo te inunda por completo en un gran estallido repentino e incontrolable.

Cómo una voz y un piano te arrancan las lágrimas; cómo el sonido eléctrico de una guitarra te sacude con un escalofrío desde la espalda hasta la nuca; cómo un bajo palpita galopante con los latidos de tu corazón; cómo una cadencia de batería te cabalga, te extasía y te arropa a un ritmo que entrecorta tu respiración…

Devuélveme 12 años atrás, a ese antro con humo, estrecho, abarrotado de gente, pintado con las paredes de colores y que la noche tornaba en grises. Devuélveme a mi eterna baldosa en primera fila, coreando las canciones, desbordándome una semana tras otra.

Devuélveme por unas horas a esas charlas en el bar de al lado en los descansos, a esas horas en vela para escuchar la última canción, a esos cigarrillos a oscuras y tequilas y cervezas.

Devuélveme a la emoción de esas noches, a un momento en que todo podía ser y nada estaba decidido de antemano.

Por un instante creí volver a todo eso. Por un instante sentí volver a todo aquello…

23.1.08

No es necesario un laberinto para perderse

Es reconfortante convertir un trayecto de unos 25 minutos en uno de 80, más aún cuando el viento acaricia tu cuerpo (y te ladea constantemente desplazando tu moto de lado a lado del carril mientras intentas no caer ante la posibilidad de que una vez en el suelo te arrollen los tres o cuatro coches que van detrás de ti), más aún cuando la velocidad roza tu piel (y te jodes de frío porque tienes guantes cortos en lugar de largos, el aire gélido te entra por las mangas y la mayoría de tíos de tu entorno de trabajo te hacen la bromita de ‘¿Qué? Estás contenta de verme, ¿no?’), y más aún cuando el tiempo parece no tener importancia (excepto porque ya deberías estar en un determinado lugar y como no sea por teletransporte molecular, pintan bastos).

Es bien cierto aquello de más vale loco conocido que sabio por conocer. Entendamos por loco el trayecto de siempre. Entendamos por sabio el trayecto que te sugieren y que o bien no has tomado nunca o bien tan pocas veces que a penas recuerdas.

-No, hay un camino más directo que el que tú dices. Mira, en lugar de girar a la derecha para tomar la autopista, sigues recto. En la rotonda, tomas la salida que hay al lado de la salida esa que gira un poco a la izquierda, que esa no es, no te confundas, es la que está al lado, cerca de la comisaría.

Y yo pensando: me veo desabrochándome el botón de la camisa para que me digan qué mierda de salida hay que coger.

-
Es fácil. Bueno, claro, es fácil cuando ya sabes el camino. Si no ves por el camino de siempre, da igual.

Ya la jodimos. Ya me has tocado el orgullo. Por una estúpida rotonda asquerosa me voy a rajar yo.

Tengo tiempo de sobras. El mundo es de los atrevidos. A por ellos, que son pocos y cobardes.

Como una voz en off, las indicaciones que me habían dado hacía un rato retumbaban en mi cabeza.

…En la rotonda, tomas la salida que hay al lado de la salida esa que gira un poco a la izquierda, que esa no es, no te confundas, es la que está al lado, cerca de la comisaríaaaaaa… (casi me parece estar oyendo ahora ese eco de las voces en off tan característico).

¿Qué salida he tomado?
…al lado de la salida esa que gira un poco a la izquierda, que esa no es, no te confundas…
Justamente ésa. La de ‘no te confundas’. La que estaba al lado, era en contradirección, y oye, yo llevo una moto, no un tanque.

Ese camino me ha llevado hasta un Hospital Universitario colgado en la montaña. Carretera y manta. Dale que te pego. Curva aquí, curva allá, jódete, jódeteeeeeeee (me parecía oír en mi cerebro al son de Mecano).

Cuando he podido, he dado la vuelta y he desandado el camino. Entonces la banda sonora era una mezcla entre la versión de Mecano pero cantada al revés (muy Exorcista, sí) y la de caminante no hay camino, se hace camino en scooter (una versión también, obviamente).

En esa tesitura, he acabado en la misma autopista de siempre, tomándola por el mismo camino de siempre. Justo allí, debía tomar otra decisión. La pastilla azul y tomar la vía rápida de siempre, o la pastilla roja y meterme en la madriguera de conejos a ver si en la otra vía rápida encuentro la jodida señal que me recuerda por dónde salí esa vez que la tomé e hice un camino correcto.

Como dije antes, el mundo es de los atrevidos. Pastilla roja.

Más viento (estoy por ponerme un par de sacos de arena que aumenten mi peso, porque cualquier día de estos echo a volar), más coches, camiones, motos, túneles, bla bla bla.

¡La salida! Es la zona. Bueno, también va a dar a la autopista dirección Tarragona-Lleida, que está como a tomar por culo de dónde tengo que ir.

Intermitente. Aún no. Es más adelante. Es más adelante. ¡Mierda! ¡Es aquí! Salgo y conforme voy tomando la curva me digo ‘era más adelante… un pelo de culo más adelante, pero ese pelo es la diferencia entre Tarragona y Barcelona… lo que da de sí un pelo de culo’.

Tira millas hasta que encuentres la próxima salida y hagas un cambio de sentido.

Aunque, eureka!, bien pensado, si aprovecho el viento que hace y levanto un poco los brazos sin soltar el manillar, a lo peor el aire en fricción con las sobaqueras me eleva y puedo cruzar la mediana al vuelo… Lo chungo es aterrizar. Mejor no. Siguiente salida, cambio de sentido.

Me encamino de una puta vez hacia dónde quería ir después de dar más vueltas que un garbanzo en la boca de un viejo.

Estando a poca distancia de entrar en la ciudad, por el carril de mi izquierda aparece un descapotable (capotado, que es invierno). Es igualito que el coche de SAM. ¿Será SAM? Bah, no creo. Agacho un poco la cabeza. Es SAM. Claxon. SAM mira. Suelto una mano del manillar. Saludo. Siempre me olvido que mi cara está tapada por un casco negro integral y unas gafas de sol oscurísimas. SAM mira. Sigo pitando el claxon, saludo de nuevo y hago gesto de ‘me parto la caja’. Yo iba gritando dentro del casco ‘SOY YOOOOOOOOOOO!! JAJAJAJJAJAJAJA!! HAY QUE JODERSE! SOY YOOOOOOOOOO!!’.

SAM trabaja lejos de dónde trabajo yo. No suele venir a mi ciudad a menudo. Si viene, toma la autopista en la que le he encontrado. Yo NUNCA tomo esa autopista en días laborables porque está a en la otra punta de donde yo trabajo.

Al final, a la entrada de la ciudad, paramos en un semáforo. Levanto visera, bajo gafas y consiguiente partida de caja mutua. Quedamos en llamarnos y tal vez tomar un café si hay tiempo.

Jodido destino. Jodida casualidad. Jodido laberinto. Jodida pastilla roja.

Toma el camino de siempre, Pequeño Saltamontes.
Toma la pastilla azul y despiértate en tu cama, Neo.

O toma el camino desconocido, la pastilla roja y dos kilos de paciencia y tal vez puedas volar propulsado por el aire en fricción con tus sobacos, y en el trayecto encontrarte con un amigo al que hace tiempo que no veías.

Lo que yo te diga… No es necesario un laberinto para perderse.

¿No crees?

10.1.08

Rufina Agorastegui y su revisión ginecológica anual

Rufina Agorastegui es una muchacha risueña de chisposos ojitos curiosos, sonrisa pícara y andares vigorosos.

Como a toda mocetona, un día le llegó el momento de realizar su primera visita ginecológica. Algo que toda mujer desea fervientemente cada año por el buen rato que pasa charlando del tiempo mientras alguien a quien no conoce de nada hurga en sus partes más íntimas con desprecio y sin siquiera un besito antes de empezar la faena.

Por pudor, buscó en un listado de médicos uno que fuera mujer como ella, y que además le quedara cerca de su domicilio.

Sabía que un doctor es igual de profesional que una doctora, pero se sentía algo incómoda pensando en abrirse de piernas ante un hombre con el que ni tan solo hubiera tenido una cita. Aunque claro, pensar en pedir hora para el ginecólogo y el primer día proponerle irse de copas para tener algo de confianza, se le antojaba ridículo, excepto si el doctor estaba de muy buen ver, en cuyo caso tal vez decidiera abrirse directamente de piernas con o sin familiaridad previa, evidentemente para la revisión ginecológica habitual, no para ningún otro menester.

Para no complicarse la existencia ni la visita médica, localizó a una ginecóloga en su mismo barrio. Llamó, pidió cita, y el día en cuestión se presentó en la consulta: sin roña detrás de las orejas y con las bragas limpias.

Mientras esperaba su turno, se dedicó a escudriñar la sala de espera. Había revistas del corazón, revistas del National Geographic, revistas de temas médicos… pero lo que a ella le interesaba era explorar el entorno. Dedujo que aquella doctora gustaba de viajar a países exóticos, montar a camello en el desierto, cortar lianas con un machete en plena selva tropical, probar gusanos y saltamontes asados, sufrir enfermedades transmitidas por mosquitos amazónicos y todas esas cosas propias de las personas aventureras. Una mujer de mundo en definitiva. Sentía curiosidad por qué cara tendría la doctora y con qué actitud la recibiría.

La recepcionista de la consulta asomó en la sala de espera:

- ¿Rufina Agorastegui?
- Sí, yo.
- Puede pasar.
- Gracias.

Entró en la consulta y ahí estaba la aventurera ginecóloga, sentada tras la mesa, preparando los papeles del historial médico para el interrogatorio del tercer grado.

Lejos de fijarse en su cara, en su pelo, en su vestimenta bajo la bata blanca, la mirada de Rufina fue directamente a sus manos. Más concretamente a sus dedos.

‘Tiene dedos de ranita’, pensó.

La doctora le iba preguntando si tenía antecedentes de esto o de lo otro en su familia, si había tenido abortos, si tenía alergias a medicamentos, etc.

‘Dedos de rana, definitivamente… Con esas bolitas por yemas’, siguió pensando absorta mientras imaginaba una rana verde pistacho de piel brillante vestida con bata blanca y asistiéndola delante del potro mientras buscaba una mosca que le sirviera de merienda. ‘Espero que no tenga mini-ventosas en las yemas… sería fatídico’, se dijo a sí misma.

De pronto, pensó que debía huir de aquel lugar y dejar a la ginecóloga con la palabra en la boca. Rufina se dio cuenta de que el momento para que le dijera ‘puede desnudarse de cintura para abajo’ estaba cada vez más cercano. Se tumbaría en la camilla recubierta de papel blanco altamente higienizado, apoyaría las piernas en el potro abiertas de par en par y la doctora procedería con sus dedos de rana a efectuar el examen. Pero Rufina no podía dejar de pensar en esas bolitas que tenía la ginecóloga por puntas de dedos. ‘Seguro que cuando acabe, pese a los guantes, sus deditos de rana harán ventosa y cuando los retire sonará como una botella de cava descorchándose’, idea que le aterraba por lo grotesca que era. Y le entró la risa. ‘Mi coño es una botella de champagne’. No podía parar de reír.

La doctora miraba atónita a Rufina, abierta de piernas sobre el potro, desnuda de cintura para abajo, vestida de cintura para arriba. La mascarilla no permitía ver la mueca de la ginecóloga, pero sus ojos la delataban: estaba más perdida que Britney Spears en una ordenación de curas, no entendía nada. Rufina, mientras tanto, esperaba el momento del descorche, porque si era algo que debía pasar indefectiblemente, al menos tomárselo con humor. Pensó en cambiarse el nombre y llamarse Cordón Negro Agorastegui, o tal vez Rondel Oro Agorastegui, o quizá Recaredo Agorastegui si quería parecer de más alta alcurnia. Moët Chandon Agorastegui le parecía demasiado pomposo.

El momento del descorche se acercaba. Rufina esperaba oír el ‘plop!’ de un momento a otro, y no podía contener la risa mientras una gota de sudor frío le recorría la sien.

La ginecóloga acabó la visita y no se oyó ningún ‘plop!’. Rufina se sentía entre aliviada y decepcionada. Se vistió, sin biombo alguno, recogió su bolso y se fue. Mientras estaba en el ascensor, pensó: ‘Casi preferiría quedarme en pelotas durante la visita… estar desnuda solo de cintura para abajo es muy humillante’.

Pasaron los años y las visitas con la Dra. Rana se sucedían sin incidencias, aunque Rufina siempre acababa imaginándola subida a un nenúfar y croando aventureramente ‘BUD-WEIS-ER!!’.

Un día, la Dra. Rana decidió dedicar su vida a los viajes en camello, a los saltamontes tostados, a los oasis desérticos, y acabó formando parte del harén de un magnate árabe, abandonando su profesión y dedicándose a complacer de forma sumisa las perversiones sexuales de su esposo y amo.

La pobre Rufina, que ya había logrado establecer una relación de confianza con la ginecóloga, tuvo que buscarse nuevo facultativo que la atendiera.

Decidió probar suerte con los ginecólogos de la Seguridad Social, y eligió a una doctora por el nombre, simplemente porque le sonaba bien. Pidió cita y el día en cuestión acudió como todas las otras veces: sin roña detrás de las orejas y con las bragas limpias.

Rufina estaba en la sala de espera, pasando el tiempo enfrascada en la lectura de un libro y mascando discretamente un chicle con sabor a hierbabuena.

Salió la enfermera:

- ¿Rufina Agorastegui?
- Sí, soy yo.
- Pase.
- Gracias.

Entró. La sala era un tanto fría, toda ella de color blanco iPod inmaculado, con los vendajes ordenados por tamaños y los sueros fisiológicos según fecha de caducidad. De entrada, no pudo forjarse una idea de cómo era la doctora: ¿Sería una mujer de ir a misa? ¿Sería una depredadora sexual? ¿Sería la madre perfecta, esposa perfecta, hija perfecta, nuera perfecta, hermana perfecta, todo perfecta? ¿Sería una ex-progre pseudohippy? ¿Sería una mujer corriente y moliente?

‘Al menos no tiene dedos de ranita’, se consoló resoplando confortada.

Rufina se hacía todas estas preguntas mientras mascaba silenciosamente el chicle un par de veces, solo un par. Decidió guardarlo entre la segunda muela empezando por atrás y la mejilla.

La ginecóloga, tras un aséptico ‘buenas tardes’, se había pasado unos minutos rellenando papeles y preparando de nuevo el tercer grado, y todo ello sin mirar un instante a la paciente. Finalmente, levantó la vista del papel y miró a Rufina por encima de sus gafas.

- Tire el chicle en la papelera –dijo en un tono gélido.
- ¿Perdón? -preguntó Rufina.
- Por favor, tire el chicle en la papelera.

Rufina, sorprendida, se levantó, fue hasta la papelera de la esquina del consultorio y tiró el chicle.

‘Que yo sepa, no estaba mascando el chicle con el coño… Y que yo sepa, no me van a mirar las muelas… No entiendo nada’, pensó Rufina extrañada.

Se sentó de nuevo, esperando a que la doctora la castigara de cara a la pared con los brazos en cruz y con sendos tomos de la enciclopedia de los medicamentos sostenidos en cada mano no sin previamente haberle hecho escribir 500 veces ‘No mascaré chicle en la consulta, ni con la boca ni con el potorro’. Pero era la Seguridad Social, y no estaban para perder el tiempo en tonterías.

Se sucedió el tercer grado sin pena ni gloria y vino EL MOMENTO.

- Desnúdese de cintura para abajo y túmbese. La enfermera la ayudará.
- Gracias.

‘Sé tumbarme sola, cada noche lo hago al irme a dormir… pero bueno… cualquiera le replica’, pensó Rufina todavía preguntándose por qué debía tirar el chicle a la papelera para una revisión ginecológica.

Se desnudó de cintura para abajo. Dejó sus pantalones bien puestos encima del respaldo de una silla, y las bragas (limpísimas) escrupulosamente dobladas encima del asiento. Se tumbó sobre la camilla cubierta por un altamente higienizado papel blanco y se abrió de piernas sobre el potro. La enfermera colocó una tela verde sobre su vientre y se retiró.

La estampa era impagable: Rufina abierta de piernas como un pavo a medio rellenar; delante de ella, a su izquierda, la mesa y detrás la doctora escribiendo una aproximación al Quijote; delante de ella, a la derecha, una puerta que no sabía a dónde daba. Veía sus rodillas y las puntas de sus pies, que movía alegremente en un intento de entretenerse y no pensar en que tenía todo el potorro al aire sin siquiera un biombo de por medio.

De pronto, se abrió la puerta que Rufina no sabía a dónde daba. Rufina abrió los ojos, que parecían dos platos de Villeroy Boch, en un gesto de sorpresa. Detrás de la puerta apareció un hombre ataviado con una bata blanca. El hombre se dirigió a la Dra. Tirelchicle.

- Acaban de venir los del sindicato.
- ¿Y cómo está el tema? –contestó la ginecóloga.

‘El tema lo tengo al aire’, pensó Rufina, que no se creía que aquello le estuviera sucediendo a ella. Mientras, movía los dedos de los pies y los miraba fijamente procurando autohipnotizarse pensando en una playa de arena blanca y mar cristalina y calmada, en un vano intento de abstraerse del hecho de que un hombre con el que ya no solo no había ido a tomar una copa sino que ni tan solo había cruzado una palabra, estuviera viéndole la pepitilla en todo su esplendor y hablando del sindicato.

- Bueno, las enfermeras han decidido que blablablablabla… -seguía explicando el hombre con la bata blanca a modo de latest news.
- Ah, está bien, no es mala idea.

‘Será médico. Tiene que ser médico. Si un extraño me ve el chumino, tiene que ser médico. Me niego a que un sindicalista del comité de empresa me vea el potorro siendo un tipo tan feo y sin haberme invitado a una copa’, se repetía Rufina incesantemente.

El señor de la bata blanca y la Dra. Tirelchicle seguían hablando de temas sindicales. Rufina seguía moviendo los dedos de los pies concentrándose para mover el pequeño con la simple finalidad de dirigir su atención hacia otra cosa que no fuera pensar que el señor de la bata blanca tenía un primer plano estupendo de su entrepierna.

- ¡Disculpen! –les increpó Rufina en tono firme.

Ambos se volvieron y la miraron, con cara de extrañados.

- ¿Sí? –preguntó la Dra. Tirelchicle.

En ese momento, Rufina se arrepintió de haber abierto la boca además de las piernas, porque ahora sabía a ciencia cierta que ambos la estaban mirando esperando una explicación a la interrupción, explicación que ella debía dar abierta de piernas y sin bragas, moviendo los deditos de los pies para abstraerse de la situación y levantando la cabeza mientras forzaba sus abdominales para comprobar que la miraban a los ojos.

- Miren… Me alegro de que la doctora no tenga dedos de ranita, lo cual es todo un logro. He tirado el chicle a pesar de no estar mascándolo con el coño. Se me están durmiendo los pies, que esto del potro es de lo más incómodo que se ha inventado jamás. A usted –dijo señalando al señor de la bata blanca- le estoy enseñando algo que nunca enseño sin al menos una cena y una copa previas. Comprendan que esto es algo muy violento para mí… Deseo de todo corazón que las negociaciones sindicales fructifiquen, pero tengan en cuenta que estoy abierta de piernas enseñando el culo.

Se hizo un silencio solemne. Los dos la miraban fijamente. Rufina movía los deditos y ya había perdido de vista hacía rato la playa de arena blanca. Notaba las pulsaciones de su corazón irado en las sienes. Tomó aire decidida, subió un poco más la cabeza y dijo:

- No querría molestarles con mi interrupción, pero, ¿no tendrían algo para leer mientras acaban de discutir el tema? Gracias.

8.1.08

La jodida letra F y otras memeces que me joden

La letra F, siempre que conecto algo nuevo en una de las entradas de USB y que previamente no esté configurado, me da un poquitín por saquito, con la mera finalidad de hacerme la vida muchísimo más fácil, cómo no. Si es que, la tecnología es el nirvana, el sumum de la felicidad, el ráscame aquí que me pica y así me da gustito.

Desde que un informático, de cuyo nombre no quiero acordarme, configuró la red de trabajo y decidió otorgarle al servidor la letra F, todo ha sido un mundo de luz y color para mí y mi estupendoso pc.

Letra A: disquetera de 3½
Letra B: ahora mismo no me acuerdo, se aceptan apuestas.
Letra C: Disco Duro
Letra D: Unidad de Cd-Rom
Letra E: Unidad de Dvd
Letra F: EL PUTO JODIDO POR CULO DEL SERVIDOR
Letra H, I, J, K …y hasta el infinito y más allá:
las letras que debo asignar a las dos jodidas entradas usb frontales que tengo para conectar pen-drive, cámara digital y un largo etc. de cosas que puedes conectar mediante usb.

Cada vez que conecto algo nuevo que previamente no ha sido conectado en el pc, por defecto le asigna la siguiente letra de dispositivos, o sea, la F. Porque, señoras y señores, la F de mi ordenador es una imagen de la C del servidor. Que ahora mismo, si me pregunta Usted el jueves le diré que me voy a Cunit, y que no sé por qué se hizo así, pero que no me atrevo a tocarlo, no sea que se joda la marrana y la red deje de funcionar, con el consiguiente retraso en mi trabajo que eso supondría.

Conclusión: cada vez que conecto algo nuevo previamente no conectado y debo asignarle una letra diferente de la que el pc asigna por defecto, y normalmente lo hago empezando por la Z y en orden inverso al recitar el abecedario… o sea, como si lo dijera la niña del Exorcista… en definitiva, al revés! Mi ordenador (que no tiene culpa de nada, pobrecito, que es un santo) me dice mediante un bello globito ‘Ak, nena, acabas de conectar un dispositivo nuevo. Muy mono, sip, estupendo, también… Ya está listo para usarse, pero gracias a aquél tipo de cuyo nombre no quieres acordarte, ahora vamos a jugar un poco al escondite… Tú empiezas a contar y el dispositivo que has conectado no aparecerá en Mi Pc hasta que le asignes una letra nueva, ok???’

Y yo contesto: vaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaale… pesaaaaaaaaao que eres, jostias!

Me voy a Mi Pc, botón derecho, administrar, administración de discos, cambiar letra, decir que sí ante la amenaza de ‘que sepas que si tocas esto fijo que vas a tener problemas, que los programas no te van a rular y después te vas a acordar de todos mis chips, irás al infierno por cambiar la letra y arderás en el fuego eterno mientras Satán te mete el dedo chupado en la oreja’, y yo clicando en el ‘que síiiiiiiii, que vaaaaaaaaale, que yaaaaaaaaaaaaaa’. Y dale una letrita nueva.

Hay que joderse.

Otras memeces que me joden son, por ejemplo:

La rectificación automática de Word. QUIERO escribir jostias, no hostias. Sí, subráyalo, sé que es una falta, pero es que quiero decirlo así, con su J, no con su H. Quiero decir JOSTIAS, no HOSTIAS. Pero él, con su tesón, lo rectifica una vez y otra y otra y otra y otra, hasta que comprende a fuerza de repetición que lo que quiero es escribir jostias y no hostias. Qué paciencia, por dios, qué paciencia… Podría desactivar la corrección automática, pero escribo tan a toda leche que en ocasiones me va bien que me ordene dos o tres letras puestas a toda prisa… Lo que debería hacer mi Word es entrar en simbiosis conmigo y entender cuándo quiero decir jostias y cuándo hostias.

Hay que joderse.

Y podría recitar más cosas que me joden, pero es que es tarde y mañana tengo que trabajar…

Y a ti, ¿te pasa algo parecido a esto que te cuento? Es más, ¿qué memeces te joden?

3.1.08

Bum bum bum bum bum bum...

Histeria, nervios, estrés, subidón, adrenalina, bum bum bum bum bum bum… ya casi, voy voy voy voy.

Rápido, no hay tiempo que perder, el tiempo es oro. ¿Es oro? Si fuera verdad, tendría un alijo de lingotes en casa que no lo saltaría un burro… con el partido que yo le saco al tiempo. No, el tiempo no es oro. El tiempo es eso, tiempo. Segundos, minutos, horas, días, semanas, meses, años… Tiempo. Me falta tiempo, da igual el formato mientras sea en grandes cantidades.

¿Me regalas algo de tiempo?

Este año a los Reyes les voy a pedir tiempo, para mi cumple voy a pedir tiempo, y voy a pedir si puedo cambiar los puntos de la visa por tiempo en lugar de por regalos inútiles que se quedan encerrados dentro de un armario o dentro de algún cajón.

Bum bum bum bum bum bum… Llego tarde, pero llego, llego, llego, estoy llegando, esperadme, estoy llegando, estoy aparcando, ¿he cerrado el coche?, mejor vuelvo y lo compruebo (solo me faltaría que me lo robaran ahora… le parto las piernas al jodido ladrón), estoy llegando, esperadme, ya casi estoy ahí, estoy subiendo la escalera, voy voy voy voy… bum bum bum bum bum.

Estoy llegando… mierda de moto, corre muy poco. Ya voy, ya estoy, casi, casi. Joder, el puto cofre no se abre. Casco fuera, guantes fuera, dentro del cofre, lo cierro. ¡Mierda! No le he puesto la pinza en el disco. Bajo un momento, ahora vengo. Jodeeeeeeer, qué poca puntería que tengo. Una vuelta de llave, ya. Bloqueo del manillar. Listos. Escalera arriba, escalera abajo, holas, adioses, hastaluegos, una conversación (pero corta), un par de besos (mientras me marcho hacia otro lugar). Bum, bum, bum, bum, bum, bum, bum, bum.

Me vibra el pantalón. No, es verdad, no es el pantalón, es el móvil, que lo llevo en el bolsillo de atrás. ¿Sí? ¿Un café? No tengo tiempo… Bajo ahora mismo al bar!! O voy o me muero. Es lo que mejor me va, es mundialmente conocido el efecto relajante de la cafeína. Bum, bum, bum, bum, bum, bum, bum, bum, bum, bum, bum.

Café, entre risas, papeles que ojeo entre sorbo y sorbo, y miradas cortas y repetidas al reloj. Bum, bum, bum, bum, bum, bum, bum. ¡Mierda! Me voy, que no llego!! Bum, bum, bum, bum, bum, bum, bum.

Hay momentos en que quiero irme a criar cabras al monte. Allí el tiempo pasa más despacio. Quien dice criar cabras dice dar de comer a las gallinas. No importa. Pero entonces echaría de menos algo del bum bum bum bum bum bum. La adrenalina es adictiva. Mal rollo ese. Me quiero ir al campo, pero con unos días me bastaría. Y sin obligaciones de alimentar animales… Simplemente sin hacer NADA, solo tumbarme y ver moverse las nubes, ver agitarse la hierba del campo acariciada por la brisa del mediodía. Pero con un mp3 y unos altavoces, que relajarse está muy bien, pero entre tanto silencio acabaría echando de menos la música. Estoy convencida.

Tiempo… eso es lo que quiero para mi cumpleaños. Tiempo y un masaje relajante de ocho horas. No hace falta que sea el/la mismo/a masajista, pueden turnarse, no tengo manías. El único requisito es que el masaje sea relajante (de los de hilillo de babita) y que el sujeto que recibe el masaje durante las ocho horas sea yo.

Suena el fijo. Contesto. Suena la otra línea del fijo. Hola, buenas tardes, un momento por favor. Suena el móvil. Tengo dos orejas, dos manos, un solo cerebro. Puedo hacer varias cosas a la vez, pero para malabarismos, el circo.

Mañana lo recojo. Mañana lo presento. Sí, miraré a ver qué tal está el tema, qué cojones que tienen, dejarlo todo allí parado sin mover un jodido dedo! No te preocupes, déjalo en mis manos, en un par de días sabremos algo… o lo sabemos o me cargo a alguien, tranquilo. No, yo me encargo, tú ni te preocupes. Sin problema. Bum, bum, bum, bum, bum, bum, bum.

Quiero gintonic. Bum bum bum bum bum.

Las navidades me las he pasado en cama. En cama, enferma (te lo aclaro porque te estaba leyendo la mente). Nada grave, solo gripe. Tenía tiempo, qué ironía… tenía tiempo y me lo paso enferma… qué cojones!! Tenía una semana casi enterita, para descansar, para poner al día algunas cosas… Pero no, tenía que ponerme enferma justamente la semana en que todo mi curro estaba organizado para tener algo parecido a puentes y esas cosas. Bum, bum, bum, bum, bum, bum… Hay que joderse!

Pero hay algo peor aún: sé que en el fondo, una parte de ese bum bum bum bum bum bum bum bum bum me gusta, me pone las pilas y me revoluciona el motor.

…Jodida adicción a la adrenalina…!!

¿Qué tal tú estos días del 2008?

24.12.07

Un regalo para ti

Imagen del genial fotógrafo CHEMA MADOZ.


Sé que no es el estilo de música que suelo mencionarte ni que suelo colgar.
Sé que no es un villancico (menos mal).
Sé que no tiene nada que ver con estas fechas... o tal vez lo tenga que ver absolutamente todo.

... Hoy quiero hacerte un regalo: una canción...



... y te lo regalo a ti simplemente por estar leyendo aquí...

19.12.07

Historias breves y mucho cuento

Antes de entrar, me desabroché un botón más de la camisa: justamente ése que no deja ver nada explícitamente pero que lo sugiere todo implícitamente.

Había aparcado encima de la acera, delante de la Comisaría, justamente allí dónde específicamente rezaba un cartel de ‘No aparcar’.

-Buenos días.
-Hola, buenos días –dije, con sonrisa y ojitos, recostándome ligeramente ante la mirada del policía. Al instante, una tímida sonrisa del agente, un hombre joven que no debería superar la treintena.
-¿En qué puedo ayudarla?
-Sí, gracias… Mira, traigo este blablablablabla, y necesitaría que me sellaras mi copia para poder aportarlo a blablablablabla.
-Mmmmmm… para esto debería subir al tercer piso.

Mientras tanto su mirada, en cumplimiento del deber, se dirigía hacia los monitores encargados de transmitir la señal de vídeo procedente de la calle. Casualmente, mi coche aparecía en una de las pantallas. El agente preguntó a un compañero situado a su izquierda:

-¿Y ese coche?
-No sé –contestó el otro-. Voy a comprobar.
-Disculpa, –les interrumpí- ese coche es mío. He tenido que aparcar ahí… sé que no debería, pero no he podido aparcar en ningún otro lugar, y como te decía, venía simplemente a que me sellaras este blablablablabla.
-Bueno, es que el coche no debería estar ahí… -replicó lánguidamente el policía.
-Lo sé… tienes toda la razón… Sólo será un momento… Si puedes sellarme mi copia, me voy en un instante –dije sin cesar en mi empeño mientras acompañaba mis palabras de un leve acercamiento como de confidencia.

El agente balanceó su cabeza a lado y lado con lentitud. Me miró. Sonreí con complicidad.

-Deberías ir al tercer piso… -dudó un momento, miró a su compañero-. Dame tu copia y espera aquí un momento, ahora te traigo el papel con el sello.
-Muchas gracias –contesté intentando poner ojitos sarteneros.

Tomó mi copia del blablablabla y regresó al cabo de un par de minutos, con el sello puesto.

-Aquí lo tienes.
-Muchas gracias, de verdad… -le contesté.
-Bueno, pues si vienes a menudo con estos blablablabla, ya nos iremos viendo.
-Sí, claro. Vengo de vez en cuando a Comisaría para estas cosas, ya sabes, trabajo… Seguro que nos iremos viendo –sonrisa picarona y atusamiento de cabello-. Ahora mismo saco el coche de ahí. Gracias por todo.
-De nada, para eso estamos. Nos vemos.
-¡Claro! –dije girando mi cabeza mientras me dirigía a la puerta de salida.

Al darme la vuelta de nuevo, abroché mi segundo botón otra vez. Salí a la calle. Me dirigí al coche no sin antes mirar la pequeña camarita situada más arriba y sonreír. Entré en el coche.

… No he tenido que volver a la Comisaría para sellar ningún otro blablablabla… De todos modos, guardo la camisa, por si acaso.

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Cada día tomo café con un compañero. Cada día.
Cada día me ven tomando café con ESE compañero y amigo.
Cada día leo en los ojos de quienes nos miran el chu chu chu chu de los cotilleos de quienes solo saben vivir a través de otros su propia vida insulsa, limitada e ignorante.

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¡Mierda! Acabo de tirar a la basura la nota que escribí a mano ayer con ideas inconexas y sin sentido con las que hacer un post a toda urgencia bajo la amenaza de ver caer sobre mí el peso de un camión isotermo de Campofrío a plena carga, también conocido como LEY.

El próximo día, lo anoto en la agenda.

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‘La parte actora acude a la vista debidamente defendida por Letrado y representada por Procurador.
La parte demandada acude a la vista sin defensa ni representación.
Se declara a la parte demandada en situación de rebeldía procesal.
Proposición de prueba, por favor’,
dice Su Señoría.

El Juez da la palabra. Se propone prueba, solo la documental. Se declara finalizado el juicio. Visto para Sentencia. Firma de acta.

’Disculpe Señor Juez, pero creo que tengo derecho a decir por qué vengo sin Abogado, porque yo creía que era por si quería recurrir y tal, pero que se me diga que soy rebelde no, porque yo he venido y no he hecho aspavientos… que vale que no venga con Abogado, pero de ahí a que me digan que soy rebelde y que me resisto…’

Juez mirando al suelo. Secretaria mirando al suelo. Profesionales mirándose entre sí.

¿Nadie le va a decir a esa mujer que la situación de rebeldía nada tiene que ver con la canción de Jeannette?

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No pienso comprar regalos esta Navidad. Me declaro en huelga consumista.

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Cada día la veo, barriendo el suelo con su uniforme amarillo y azul, escoba en mano, arriba y abajo, con una pequeña radio con cascos.

Siempre que me ve, me grita: ‘Akroooooooon, niñiaaaaaaaa, buenos díaaaaaaaaaaaaaaaaaas!’

La saludo de lejos. A veces charlo unos minutos con ella. Siempre trae la sonrisa puesta y la mirada honesta.

… A veces me gustaría ser el calvo de la Lotería, aunque ya no salga en el anuncio…

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Te prometo que lo he intentado, pero creo que estoy en plena crisis creativa. ¿Me lo tendrás en cuenta?

5.12.07

Gran Diccionario Conceptual Akroon

Porque en la vida no siempre todo es lo que parece.

Porque todo depende del color del cristal con que se mira.

Porque me doy cuenta de que a veces las definiciones clásicas no se adaptan a MI realidad.

Por todo eso, y porque me sale de los huevos, te presento hoy la primera entrega (y vete a saber tú si habrá una segunda, que tal vez mañana, todos muertos) del GRAN DICCIONARIO CONCEPTUAL AKROON.

Nota: por anarquía, no me sale de las amígdalas ordenar las palabras alfabéticamente.

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CLIENTE: Dícese del sujeto que arrienda mis servicios como profesional a cambio de una suma líquida.
JODIDO CLIENTE: Dícese del sujeto que se cree que me voy a dejar las pestañas currando a cambio de nada.|| Jodido por culo que se piensa que vivo del puto aire y que no tengo nada más que hacer que atenderle al teléfono y realizar gestiones que me encomienda por puro amor al arte y al mierda del prójimo.


JEUROS: Lo que debería pagar el Jodido Cliente a cambio de las tareas desempeñadas y que por mucho que lo intente no es canjeable por los billetes del Monopoly.


PUENTE: Conjunto de días, uno detrás de otro, situándose uno laborable entre dos festivos, y que por efecto del ‘mesaleloscojones’(*) torna el laborable en festivo por decreto testicular.|| Lo que voy a hacer yo desde miércoles noche hasta domingo noche.


(*)MESALELOSCOJONES: Elemento etéreo absolutamente dependiente de la voluntad personal capaz de cambiar el estado o condición de algo sin obedecer a ningún tipo de lógica ni precisar de justificación. Sinónimo de mesaleloshuevos, porquemedalagana, pachulochulomipirulo, mesaledelciruelo, entre otros.


TONTOLNABO: Sujeto que intentando hacerse el simpático suele opinar en las conversaciones ajenas, metiendo baza cuando nadie le presta la menor atención y contando chistes malos acompañados de pequeñas partículas de baba que suelta al reírse.


NAVIDAD: Período comprendido entre el 24 y el 26 de diciembre, dedicado única y exclusivamente a joder al personal con reuniones multitudinarias, encuentros con personas a las que no desea verse y engullimiento de alimentos en cantidades industriales hasta la indigestión. Generalmente suele acompañarse de villancicos (*) y comporta la compra compulsiva de objetos inútiles y caros que entregar como regalo.


(*)VILLANCICOS: Música creada con la mera finalidad de crispar el ánimo de las personas tanto en Navidad como en el período previo e inmediatamente posterior, sobretodo en centros comerciales y lugares de reunión masiva de personas.


GINTONIC: Sustancia de origen natural con múltiples beneficios para el cuerpo humano, entre otros: favorecer un estado de relajación óptima, contribuir a la alegría incontrolada, exaltar los sentimientos positivos de amor y amistad… ayudar a sobrellevar la Navidad...


CAFEÍNA: Carburante natural, no contaminante y 100% ecológico y biodegradable, para que la maquinaria Akroon funcione.


BURROCRACIA: Gobierno ejercido por el burro (*).


(*)BURRO: Dícese del/la sujeto/a que, dada la inconsistencia de su vida, el hastío en que se ve sumido/a y la total ausencia de diversión o perversión en su día a día, se dedica a joderte la existencia con las trivialidades más absurdas con el único fin de la jodienda en sí misma como entretenimiento.


COMPRESA: De marca comercial: Elemento compuesto por sustancia alucinógena altamente peligrosa que devasta neuronas en progresión geométrica, aniquilando la lógica (ej.: ¿A qué huelen las nubes?) y destruyendo la capacidad del habla posteriormente (ej.: sim sum, sim sum, sim sum, sim sum… uuuuuuuuuuuuuuuuuaaaaaaaaaaaaaah!).
De marca blanca: aquello que se usa en esos días junto con o en lugar de tampones. Totalmente inofensiva para el intelecto, a diferencia de la anterior.


HIERBA: Fuente de risa y de monchis (*).


(*)MONCHIS: Hambre insaciable, voraz y repentina causada por la alegría de la fuente de risa.


COMENTARIO: Lo que espero que dejes tú dentro de un momento en este blog, sección ‘ideas acerca de esto o de cualquier otra cosa’.


Si quieres que algún vocablo sea incluido en el Gran Diccionario Conceptual Akroon y posteriormente publicado (citando al/la peticionario/a o no, a elección del proponente), puedes dirigir tu petición a la sección de comentarios del presente blog o bien enviando un mail a la que suscribe el mismo (dirección que aparece en su perfil). Gracias.


Y por hoy, ya basta.

29.11.07

Un móvil con mp3 contribuye a la felicidad del ser humano

Hace un par de semanas (creo… porque realmente ya no tengo conciencia del tiempo), me trajeron a casa mi nuevo móvil.

Dejé bien clarito que se pasaran de 16 a 20 hs. ¿A qué hora vinieron? A las 13 aprox. Genial. Cojonudo. Así va el puto país.

En agosto intenté adquirir un móvil nuevo con mp3, pero no mp3 del que vale para los tonos. No, no, con reproductor mp3. Resulta que por los puntos que tenía y la pastas que debía añadir, me podía permitir el Sony Ericsson W300, o sea, gama media. Ya me estaba bien.

Pedí un código de canje. Me lo mandaron por sms. Y empecé a llamar a las tiendas de telefonía móvil cercanas a mi hogar (dulce hogar) para que me reservaran uno.

Llamé a una, a dos, a tres, a cuatro, a cinco, a seis, y así sucesivamente hasta el casi el infinito. En ninguna había ese modelo.

Al final una amable señora de no recuerdo qué tienda me dijo que no encontraría ninguno. Estuve a punto de decirle que si se montaba una línea 906 de adivinación se forraría, o una línea 906 erótica, porque su comentario me estaba dando soberanamente por el culo.

Cuando le pregunté el por qué, fue peor. Me explicó que el BBVA se quedó con gran parte de la producción de ese móvil durante la emisión del puto O.T. (el oxtraterrestre), porque abriéndote una cuenta Blue Joven O.T. te regalaban ese modelo de móvil.

¿Y qué culpa tengo yo de que la gente sea tan hortera como para abrirse una cuenta triunfita?

Me quedé compuesta y sin móvil. El bono caducó y los puntos regresaron a mi cuenta de puntos.

Yo, en secreto, aspiraba al móvil que A DÍA DE HOY tengo, pero era algo que solo deseaba ocultamente, porque era de plano inaccesible. Pese a que mi consumo mensual rondara los 90 euros, ése móvil aún valía demasiada pasta.

Durante el verano, dormí abrazada al catálogo de móviles abierto por la página del W880i. Besaba la foto, babeaba las páginas, y mil otras cosas que no voy a relatar en público por pudor.

Pasó el tiempo, y asimilé que nuestro amor era imposible, que jamás podría ser mío, que si algún día llegaba a mis manos sería cuando ya no valiera una mierda y existieran los móviles que te centrifugan la ropa y te hacen la cena.

Una tarde, durante mis horas (taaaaaaaaantas) de curro de despacho (menos mal que la mañana me la paso de aquí a allí sin parar quieta), recibí una llamada del departamento del Programa de Puntos. No pude contestar porque estaba atendiendo otra llamada por el fijo (y es bien sabido que pese a que poseemos dos orejas, solo tenemos un cerebro con el que procesar la información que por ellas recibimos).

Pensé: Jodoooooo! Si llaman es porque vuelve a haber promoción de puntos!!.

Sip, sip, sip. Me daban 30.000 estruendosos puntos, que unidos a los que yo tenía (unos 17.000), me permitían acceder al móvil que andaba persiguiendo desde el verano. El fantabuloso y estupendástico Sony Ericsson W880i (justamente como el de la foto), cuya gracia más mejor es que tiene función Walkman de mp3 y viene con una tarjeta memory stick de 1 Gb.

Sí, vale, es muy mono, muy plano, muy esto, muy lo otro. Ya he tenido dos Sony Ericsson antes. Lo que yo quería era que tuviera el mp3.

Y ayer… ayer… ayer por la noche… Después de recoger la mesa y pensar ‘joder qué palazo lavar los platos’, decidí ponerle música a ese momento. Fui a por el móvil, seleccioné la carpetita, y me puse los auriculares a toda leche.

Bailé por la casa como no bailaba desde la última vez del Karma.

Moví mi culo alegremente, me contoneé a placer y hasta brinqué. Escuché música que me puso, música que me enterneció, música que me cabreó…

Lo que yo te diga, un móvil con mp3 contribuye a la felicidad del ser humano…

¿Bailas conmigo?

22.11.07

Todos los caminos llevan a Roma o Cómo llegar a mi casa de las formas más dispares

Dos semanas sin actualizar y sin tiempo para prácticamente nada. Cuestiones laborales.

Y, ¿para qué trabajar tanto? Por dos razones: porque mi trabajo me gusta, y por la pasta. El orden de los factores no altera el resultado, aunque claro, te aseguro que trabajo por pasta (que yo sepa, en mi DNI dice ‘mujer’, no ‘entidad sin ánimo de lucro’).

A estas alturas del mes, y con permiso de Skézenté (que parece que le esté copiando el tema del post, pero juro por lo más sagrao que lo he ido elaborando a ratos libres desde hace días, y cualquier parecido es meramente incidental –a parte de que Skézenté sea inimitable-), es necesario plasmar el extracto de las búsquedas en internet que han llevado a algunas personas hasta este salón de vicio, drogas y alcohol.

Sin más preámbulos…

… Las búsquedas y las respuestas de una servidora.


Follar

Búsqueda directa, sin anestesia. Ricura, ¿todo lo haces igual?

Te odio
Lo sé, pero piensa que de eso al amor hay solamente una fina línea.

Botellas de alcohol partidas por la mitad
Créeme, es mucho más práctico quitar el tapón y usar un vaso. Minimiza el riesgo de accidentes por corte.

Si esto es vida yo soy caperucita roja
Y si no lo es, qué eres, ¿el lobo feroz?

¿Qué quiere decir fauna marina?
Fauna, la esposa del fauno. Marina, su nombre de pila.

Me folle a mi prima y ni teticas tenía
Chaval, lo de tu prima me quedó clarísimo las otras veces en tus búsquedas, aunque la última frase me hace pensar que estás muy enfermo.

Ave miope
Los que van a usar gafas, te saludan.

Me follé a mi tía en la calle
Y qué, ¿os echaron monedas por el espectáculo?

Sale moho en el queso
Si es roquefort, gorgonzola o queso azul, no hay problema, son así, y hasta hay personas a las que les gusta. Si no es ninguno de ellos (o análogos), mézclalo con algo bien raro en una textura del todo imposible y a lo mejor te montas un restaurante de diseño.
Por cierto, ya te salió moho en la carne y no sé dónde más. Yo iría pensando en cambiar de nevera o en vivir a base de latas de conserva.

Draibin
Is uat Ai du uen Aim in mai car. Its soooooooou faaaaaaaaaaaaaan!

Sexo somier láminas
Yo añadiría un colchón. Llámame clásica o llámame cómoda. Aunque se me ocurren otros sitios mucho más sugerentes…

Bruguer nepal
Ya aclaró el Sr. Ingle qué color era ése. Si es queeeeee, somos unos despistados.

10 mandamientos de la cerveza
Creo que esto se lo deberías preguntar a Homer Simpson. Yo te podría dar ciertas nociones, pero él es el experto.

Follando con papá sin saber
Sin saber, ¿EL QUÉ? ¿Que es tu papá? ¿Que estás follando? ¿Sin saber como concepto filosófico en sí?

Dire que folla
Si es sin acento, dícese de aquel sujeto que ostenta la gerencia de un centro docente. Por lo tanto: me alegro por él.
Si es con acento y no lo has puesto: pues dilo, probablemente no le moleste.

Me follé a una señora mayor
No sé si ya habías comentado esto en otra ocasión. Podría ser que sí, porque eres una máquina de follarse parientes y mujeres de avanzada edad. Y qué, y qué, ¿le llamaste de Usted en plena faena? Ya se sabe que ser educado abre muchas puertas, tal vez en esta ocasión te abriera piernas…

Túnel de lavado de coches abierto en domingo en Barcelona
Justamente al que voy yo, y en el que estuve, sin ir más lejos, este pasado domingo.

Ver a carrefour para saber como dibujarlo
Que no es una personaaaaaaaaaa… que es un lugaaaaaaaaaar… (y ese ‘cómo’ va con acento, criatura).

Tu gran maestra sex
Me suena a libro de autoayuda.

Ver a carrefour para saber como dibujar
El ‘cómo’ sigue yendo con acento. ¿Qué te pasa a ti con el Carrefour y con dibujar?

Me folle a mi profesora en casa
¿¿¿Tu profesora del cole que vino a casa para algo (follar¿?), o tu profesora particular acabó enseñándote el búlgaro (y va, y no era un idioma, titu)????

Frases de amor con música de richard clayderman
… en su piano sin controooooooooooooooooooool…
… y una maratooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooón!

Toda clase de hilos hacer macramé
A ver si hay huevos de hacerlo con hilos de baba!

Cómo ostia puedo ver sexo
De verdad, es mucho más divertido practicarlo que verlo… y no te enfades, hombre!

Fascículo de makro
No sabía yo que un hiper viniera por fascículos. En la siguiente entrega, las ruedas del carrito!

Fotos de tías haciendo gimnasia desnudas
¿Tiene que ser haciendo gimnasia? ¿Si hacen yoga, no te vale?

Conejos rapados
Animalicoooooo… la de frío que va a pasar. ¿O te referías a otra cosa?

Sex o no
¿Es una pregunta? ¿O se te ha colado un espacio entre la x y la o al hacer los votos de castidad y ver lo que te espera?

Quiero ver videos cuando secuestran a jovencitas les hacen el amor y porno
Está muy feo andar secuestrando personas para estos menesteres, eso de entrada. De todos modos, esto de ‘hacer el porno’ es curioso… Ya veo a Eustaquio diciéndole a su señora: Maríaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, que esta nocheeeeee, te hago el pornooooooooooooooo! (tono Mar-cial, evidentemente, y voz en off que repite en tono agudo: porno!).

Un dicho que diga es como
Te veo algo críptico hoy.

Me folle a mi tía cuando era un niño
No, si ya te he dicho antes que eres una Incesto Machine. Permíteme que te diga que si eras un niño, seguramente fue ella quién se te tiró… que ya te lo he dicho muchas veces, pero tú, nada, dale que te pego.

Videos de porno 100 por ciento metidas
Habla con tu tía, que a lo mejor lo grabó todo en su momento.

Me aburro muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuucho
Pues pregúntale al de la tía y la prima, a ver si te las presta un rato y te entretienes.

Me han dicho
Es lo que tiene comunicarse entre humanos, que te dicen… y a veces, hasta tú dices. Qué cosas tiene nuestra especie, ¿eh?

Peli porno halitosis
Realmente me pregunto cómo se plasma en una peli porno la halitosis. Imagino que por la cara de asco de la chati o del mancebo al darse el bistec, o porque solo salen posturas de perrito… si no, no se me ocurre.

Culo de putas puercas pps
Si no son puercas, nada, ¿no?

Quien te dice a ti que conduzcas por mi mp3
Y yo que creía que se conducía por el volante…

Estrategia bic cristal
Que escribe normal. Si fuera el naranja, la estrategia sería que escribe fino. Bic, bic, bic, bic, bic… fiuuuuuuuuuuuu!

Soy puta
¿Y eres puerca? ¿Sales en algún pps de culos? Es que hay alguien interesado en ello…

Cómo se elabora el mentisan
No soy una entendida, pero por lo que sé, es 50% de menti, y 50% de san.

Piropos y frases reyes magos
Yo sabía que había que dejarles agua a los camellos y algo de comer y de beber a los reyes magos (que no sé por qué, los míos siempre pedían whisky), no que había que piropearles y darles conversación.

Romper uñas de dedos con objetos punzantes
Qué, ¿alguien te ha cabreado hoy?

Hipnotizador folla pacientes
Mediante péndulo, aunque claro, hay de disponer de un aparato de grandes dimensiones.

Videos de sexo anal que se pueden ver gratis sin que cobran
El concepto gratis siempre lleva implícito el hecho de ‘sin que cobran’, si no, no es gratis. Criatura… se te tiene que explicar todo. Y como la explicación es gratis, te voy a pasar mi número de cuenta porque yo, ’sin que cobro’ por ayudarte…

Cómo decir te odio
Muy fácil, mira, repite:
TE
ODIO
¿Ya?

Cuantas pesa la conciencia
Según la persona, muchas o pocas. Depende de las remordimientas que sientas.

Soy un puto mito
Y yo.

No me mates con tomates, yo soy tu maestro
La educación cada día está peor. En mi época, a lo sumo se les tiraban bolitas de papel en plan cerbatana.

Qué pasa si un abejorro pica a un humano
Que el humano se convierte en Alien. Por eso es muy importante aplicar en seguida algo tipo After Bite y tal.

Residencia de mayores madre maravillas como se llega hasta allí
Haciéndote viejo. Cuestión de tiempo.

Si te quedas lelo cuando ves a alguien
No. Se es lelo de nacimiento. Cuando ves a alguien, a lo mejor te pones burro (=palote), pero lelo lo que se dice lelo, es una característica congénita.

Cómo hacer el sexo con tu tía
Eso pregúntaselo al Incesto Machine, que tiene más experiencia en el tema.

Tengo hipermetropía y astigmatismo y veo doble
Cómo para dejarte el coche cuando no llevas gafas…!

El origen del desodorante
Un invento que alguien desarrolló cuando decidió que ya estaba harto de aguantar olor a sobaquina.

Robo para drogarme en ppt
¿Y cómo se droga uno en ppt? ¿Lamiendo la pantalla?

Video de consolador de bicicleta
Sin sillín, clarostá.

Fumar es malo para cantar
Pero para los pulmones va de puuuuuuuuuuuta madre… no te jode!

Fauna del mar muerto
Que está muertoooooooooooo…

Tu comentario en el post anterior, quedará debidamente contestado en breve.

Por cierto, me gustas... ¿te lo había dicho ya?

7.11.07

Canción de Cuna

Hace unos días, creo que durante este pasado puente, estaba en casa tomando una ducha, como tengo costumbre de hacer una vez al día (manías de higiene, ya ves). Al acabar y adecentar el baño, salí a tender la toalla que suelo enroscarme en el pelo.

Cogí un par de pinzas del cesto, la coloqué sobre el hilo grueso y, como siempre, bajé mi vista a los pisos de abajo. Hay una vieja que creo que se alimenta a base de cebollas hervidas, y cuando veo luz en su cocina evito tender ropa. Odio ponerme encima un albornoz o una toalla que huele a sofrito o a sopa de cebolla.

La luz de la cocina estaba apagada. No olía a cebolla hervida. Podía tender tranquilamente.

Cuando me disponía a entrar de nuevo en la cocina oí algo que venía de fuera. Asomé la cabeza. Era un canturreo leve, hondo, casi hueco. Sí, por extraño que me pareciera, sonaba precisamente así, hueco. Era una voz de mujer, una voz grave y sin calidez, como de piedra, fría e inerte. La oía cantar en voz baja pero segura algo que se me antojó una canción de cuna lúgubre.

Un escalofrío me recorrió la espalda hasta la nuca, y me erizó como a un gato. Me agarré a la barandilla y me asomé un poco más. Esa voz sombría seguía sonando, y pese a que era tétrico escucharla, a la vez algo me impulsaba a seguirla con el oído. Pude ver una luz tenue dos pisos más abajo del mío, justo en la puerta de enfrente, y algo que parecía ser una figura de una mujer sentada que se dibujaba con trazos difuminados, meciéndose con lentitud y con un ritmo métricamente calculado.

No recordaba quién era la vecina de ese piso. En realidad no recordaba ni siquiera que estuviera ocupado desde que esa familia de Córdoba se había marchado porque necesitaban más espacio.

Sin saber cómo, notaba esa nana como si la escuchara cantada a mi oído, y me había quedado hipnotizada mirando esa figura desdibujada de la mujer meciéndose con algo entre los brazos. Tal vez un niño, pero no lloraba, no emitía sonido alguno, no se movía…

Me di la vuelta, pero no había nadie cantándome al oído con la frialdad que impregnaba el canto hueco de esa mujer. Durante un instante dudé. No, no había nadie conmigo, eso era más que evidente.

Miré de nuevo a la ventana. La mujer había desaparecido y solo podía apreciar una mecedora vacía balanceándose levemente. Me asomé un poco más, justo hasta que las puntas de mis pies no tocaban el suelo y casi ni me acordaba de asirme a la barandilla. Ninguna silueta, nada más que una mecedora con un ligero movimiento… y esa canción de cuna que me dejaba en un desasosiego difícil de describir.

Me apresuré hacia la habitación donde están los libros y los armarios. Pensé que desde esa ventana tal vez podría ver algo. Asomé la cabeza con cuidado. Me pareció ver una figura que entraba en la habitación que se veía desde allí, moviéndose sin prisa pero sin lentitud. Los cristales de las ventanas de todo ese piso eran traslúcidos. No recordaba que fueran así, aunque claro, tampoco solía prestar más atención que la de comprobar que la vecina de la cebolla no estuviera cocinando.

De nuevo cruzó esa mujer por delante de la ventana, y su canción de cuna no cesaba, siempre igual, nota tras nota, se repetía una vez y otra y otra y otra. Se quedó la ventana vacía y yo permanecí quieta, mirando con los ojos clavados en el cristal. Repentinamente la figura de la mujer volvió a asomar de perfil, como las otras veces, pero en un instante se detuvo y se volteó. Hubiera jurado que se volvió hacia mí por como se intuían sus cabellos, y en ese momento, se me heló la sangre. Quise moverme, pero no pude o no quise. Mientras, oía la hueca nana.

La mujer desapareció. La busqué. La canción de cuna seguía, sin tregua, sin descanso. Como alma que lleva el diablo me dirigí de nuevo hacia el tendedero. No tardé nada, pero cuando llegué, ella ya estaba ahí, asiendo algo entre sus brazos que seguía sin emitir sonido alguno, bamboleándose en la mecedora.

Al cabo de unos segundos, la canción de cuna cesó, ella detuvo su balanceo. Se levantó de la silla mientras soltaba lo que tenía tan agarrado. Vi sus manos moverse hacia el marco de la ventana y oí chasquear la manecilla. Una especie de sudor frío me recorrió la frente mientras notaba mis pulsaciones en las sienes que se aceleraban a un ritmo vertiginoso.

Mientras, se abría la ventana y vi asomar una mano blanca y huesuda. Mi corazón no latía, galopaba; mi respiración era jadeante e intranquila, noté un escalofrío que me hizo temblar desde la mitad de la espalda hasta el último de mis cabellos y mi respirar se cortó. De pronto, la ventana se abrió por completo…

Recordé que tenía el café con leche en el microondas, dos rebanadas de pan en la tostadora y que era fiesta.

Me dije, ‘Ak, tienes tendencia a imaginarte historias para posts con las gilipolleces más variopintas’.

…Eso sí, alguien cantó la nana… te lo aseguro sin ningún género de duda.

¿Viste tú algo asomar por la ventana?