KNOCK KNOCK KNOCK!!!

Adelante... pasa... como si estuvieras en tu casa...

1.5.08

Una cuestión de entrepierna

Foto del increíble Chema Madoz. Puedes ver sus trabajos AQUÍ.

Ayer por la mañana me levanté. Antes de meterme bajo la ducha, me desnudé y me miré detenidamente en el espejo. Recorrí con la vista y sin prisa cada centímetro de mi piel. No, ahí no estaba.

Me metí bajo el agua caliente y pensé que tal vez no lo vería a simple vista por pura torpeza (ya sabes, soy miope), así que palpé a conciencia prácticamente todos los poros de mi piel. Tampoco.

Pensé en pedir ayuda para una prospección objetiva, pero deseché la idea. Se estaba haciendo tarde y eso seguro que hubiera tomado más tiempo del que disponía.

Al vestirme, pensé a conciencia en todos y cada uno de mis gestos. Observé con detenimiento los contornos sobre la ropa. Nada. Tampoco lo encontraba.

Pasó la mañana sin pena ni gloria, mientras yo seguía enfrascada en mi duda y en mi búsqueda.

Llegó la tarde. Seguí trabajando como de costumbre sin cambiar mis hábitos. Simultáneamente, mi cabeza seguía dándole vueltas: no, no lo encuentro. Por más que lo busque, no lo encuentro.

Acabado el horario laboral, volví a abrir el correo. Ahí estaba. Acechante, repetitivo, constante, sin darme tregua. Pero me dije: ¡NO! Ya no tienes el poder de alimentar mis dudas…

Definitivamente…

¡¡¡¡¡¡YO NO TENGO RABO!!!!!!

Siendo así (empíricamente demostrado): ¿POR QUÉ COÑO ME SIGUEN MANDANDO MAILS DE VIAGRA?

A ver si va a resultar que me llamo Manolo y yo sin enterarme…

22.4.08

Soy leyenda

Ya he dejado de ser un puto mito para ser una jodida leyenda.

He visto que en mi barrio están construyendo una especie de tributo en vida con una estatua de bronce que reproduce a una servidora a tamaño real. Los turistas se hacen fotos al lado de la réplica, como quien se las hace al lado del Manneken Pis, y piden deseos lanzando una moneda de espaldas. Su deseo jamás se cumplirá, porque es bien sabido que los deseos pedidos a estatuas sólo se cumplen lago mediante, y en mi caso, lo que hay a los pies de mi estatua es un enorme portátil también de bronce, pero no un laguito con agua (que ya sabemos que el tema del agua está jodido). Un escándalo las monedas rebotando en el bronce en sonoros cling, cling, cling. Y las palomas, puteadas, porque en lugar de mendrugos de pan que llevarse al pico, sólo encuentran monedas de dos y cinco céntimos (que dicho sea de paso, qué mierda de ofrenda por un deseo, ¿no?... La gente es muy agarrada…).

Cuando entro en el súper, me ponen una alfombra roja, las cajeras me sacan fotos con su móvil, los reponedores me piden autógrafos y tengo un shopping assistant que es el que elige las latas de espárragos y las pone en el carrito, para que yo no tenga que hacer tanto esfuerzo.

Una tienda de ropa usada se ha puesto en contacto conmigo para que sea la imagen de la nueva temporada. Estoy pendiente de ir a hacer la sesión de fotos para el catálogo.

Me han llamado de una cadena de televisión local (creo que de las Hurdes) porque quieren rodar un spot promocional sobre los embutidos de la zona usando la imagen de la que suscribe, dada mi gran importancia mediática.

Y te preguntarás… ¿Y TODO ESO? ¿A QUÉ COÑO VIENE?

Cuando tuve un troll, y como bien sabe Effie por experiencia propia, tomé conciencia de que era un puto mito (como lo es ella).

Yo ya estaba contenta con el estatus de mito, no necesitaba más. Sabía que cuando muriera, unos me recordarían, otros no. Seguramente saldría en algún recopilatorio de GRANDES MOMENTOS BLOGGER y hasta tal vez algún intrépido informático, teniendo en su poder un software parecido al del CSI, lograría enfocar mi imagen de perfil. Era perfectamente consciente de que en vida ni dios me haría caso, pero que al morir, era muy probable que la gloria se alzara en formato de epitafio digital en mi tumba virtual, donde miles (o millones, o miles de millones…) de peregrinos depositarían sus emoticonos llorones frente la lápida.

Pero la vida es sorprendente, y había planes superiores para este pequeño grano de arena que soy.

Hace unos días, y como hago de costumbre cada tarde, abrí mi gestor de correo, ordenado en chorrocientas carpetas con las cuentas de correo (la de trabajo, la de trabajo para enviar paridas, la exclusiva para enviar paridas, la que facilita automáticamente mi número de cuenta para efectuar donaciones pecuniarias en mi favor…), y vi un mail. El asunto era ASUNTOS INTERNOS, valga la redundancia.

Lo abrí. La curiosidad inicial dejó paso al estupor y a la incredulidad. Un mensajero electrónico me mandaba un correo de parte de un cantautor, solicitando permiso para usar uno de mis posts para elaborar una canción.

Miré a mi alrededor. Busqué la cámara oculta, pero nadie aparecía con un ramo de flores y gritando INOCEEEEEEENTEEEEEEEE!

Leí de nuevo. Pensé que tal vez eso de ASUNTOS INTERNOS era un departamento interior de Blogger, en el que sus agentes te asaltaban con una inspección sorpresa, al más puro estilo Hacienda Somos Todos. Tampoco era eso. Pensé: fijo que te toman el pelo, Ak… estas cosas no pasan. Sin embargo, la vida es riesgo, pero una no es tonta, y decidí contestar solicitando información al respecto en jocoso tono.

Días de silencio. Bolas del desierto cruzando la pantalla en diagonal. ¿Lo ves? Pura patraña. Todo es ¡¡Mentira!! (tono Palomino). O a lo peor: quizá se usa el post igual, y pasando de consentimientos ni leches en vinagre. La propiedad intelectual por el arco del triunfo mismamente.

Sin embargo, el plan maestro del universo no terminaba ahí. Días después, recibí nuevo mail con el mismo asunto pero distinto remitente.

El cantautor en persona se dirigía a esta humilde blogger, solicitando el permiso anteriormente peticionado por su mensajero. Se identificaba, y aclaraba que ASUNTOS INTERNOS era el título del álbum que está grabando. Rubén Mata, sus datos identificativos. (En breve su MySpace será linkado en el presente blog).

Madredelamorhermoso! Virgensantadelgooglesearch! No, si va a resultar que es verdad! Me dije a mí misma cerebralmente… o a lo mejor en voz alta, no lo sé. Ahora no recuerdo si me había tomado la medicación o no.

Si las musas lo quieren, tal vez exista una canción que relate uno de los posts de esta su servidora.

El cantautor actúa en Barcelona, este próximo 23 de mayo en el bar Astrolabi, a las 22’30 hs.

Pero… No se vayan todavía amigos, ¡aún hay más!

Cuando la emoción me embriagaba y estaba al borde del éxtasis místico cual Santa Teresa de Jesús pero sin ser monja ni santa ni llamarme Teresa, descubrí, previa información cotejable a través de comentarios en el post anterior y comunicación personal en mi mail (lo cual no es cotejable, por vulnerar el secreto en las comunicaciones, pero lo digo yo, y eso debería serte suficiente), que tenía una IMITADORA. Qué digo imitadora… Una personita que habita esta bola que llamamos mundo estaba dedicándose a copiar los posts de esta su servidora y vecina, procediendo a colgarlos en su espacio personal.

Hay que joderse.

Sin citar la fuente.

Hay que joderse.

Soy leyenda.

Hay que joderse.

Mis posts se convierten en música. Hurtan mis idas de olla a escondidas…

Espera, me acaba de llegar otro mail… La Asociación de Desparasitadotes y Desratizadores me pide que sea su patrona, y el Consorcio de Amigos del Ganchillo y el Encaje de Bolillos me dice si puedo ser presidenta de honor.

Hay que joderse. No daré abasto.

9.4.08

Escupir desde el coche

Ya es de ser guarro escupir por la ventanilla, pero llegado el caso de reunión de varios puercos, siempre puede organizarse un campeonato. En cierta ocasión presencié un concurso de lapos lanzados con los dedos. No pude saber quién quedó ganador. Las arcadas me lo impidieron y tuve que ausentarme de tamaño acontecimiento deportivo para evitar morir de espasmo estomacal.

Sin embargo, y pese a que no esté reconocido como disciplina olímpica, el lanzar escupitajos es algo bastante común y que en ciertos ambientes refleja el orden de situación del macho en la manada: cuanto más lejos lo lance, más arriba está en la pirámide de poder.

Llegados a este punto, viendo lo que vi el domingo por la noche, solo me queda decir que HE VISTO AL MÁS PRINGAO DE LOS MACHOS DE LA MANADA.

Se puede ser soez y asqueroso, pero indudablemente hay una técnica detrás del concurso de lapos: arqueamiento de espalda, empuje del escupitajo, soplamiento a gran velocidad…

Los hombres evolucionados prescinden de escalafones sociales en cuanto a manada. Los menos evolucionados, suelen usar metáforas de lo que en su momento hicieran los homínidos para establecer la jerarquía del jefe de manada, cambiando la somanta palos con huesos de mamut hasta dejar al aspirante tieso, por inmenso escupitajo lanzado a gran velocidad a una distancia razonable.

Pues bien, como decía antes, el domingo por la noche vi al más pringao de la manada.

Estando sumida en un embotellamiento de órdago en la autopista, situada en el carril izquierdo y mientras los vehículos se hallaban en parada técnica, tres coches por delante de mí y en el carril de la derecha había un conductor agarrado al volante de su Peugeot 407. Pelo cano, camisa lisa, gafas seguramente con cristales progresivos, aspecto cuidado y porte aparentemente señorial.

De pronto, abre la puerta del coche e inclina su cabeza. Me pareció que trataba de ver algo en el suelo. Se balanceaba ligeramente hacia delante cuando de pronto, slurrrrrrrrrrp, soltó un lapo de campeonato federado internacional. Sin furia, sin rabia, sin ímpetu. Simplemente lo dejó caer acompañándolo con un ligero empuje de aire. Era evidente que ese tipo no era el macho dominante de la manada, pero que fuera el más pringao lo revelaría lo que vendría a continuación.

Sin pudor alguno, decidió observar su obra, supongo que para vanagloriarse de la criatura. Fue entonces cuando se percató: el pollo (criado a grano no transgénico, de ahí su tamaño) no había caído en el suelo como su creador había querido intentando disimular la falta de educación de soltarlo por la ventanilla –que todo el mundo sabe que sólo puede hacerse si el vehículo está en marcha-, o bien intentando que no le rompiera la cara el del coche de al lado viendo como se estampaba semejante regalo en su ventanilla del copiloto.

El pobre desgraciado era tan malo que lo había dejado caer justo en el jodido marco de la puerta. Eres el puto pringao de la manada, tío. Asúmelo, cuanto antes, y juega tu papel en la jerarquía establecida.

Sin embargo, él no se contentaba con su rol, él quería disimular a toda costa su condición de último escalafón. Y pensó rápido en una solución de emergencia. ¿Cuál? Muy sencillo: nada como empujar el lapo con el dedito índice para que caiga en el suelo.

Pero la naturaleza es sabia, y la selección natural es más fuerte que el individuo. Por esta razón y no otra, se le pegó el escupitajo al índice, colgando asquerosamente y revelando a todos los del embotellamiento que ése, justamente ése tipo, era el más imbécil de la manada, y por tanto, al que se debía linchar en caso de necesidad.

Tras un arduo esfuerzo, logró dejar caer en el suelo el motivo de su vergüenza, limpió su dedo en la tapicería, cerró la puerta y volvió a coger el volante, como quien no quiere la cosa, que aquí no ha pasado nada.

Pero pasaba: a ojos del mundo, de la naturaleza y de la teoría de la evolución, él era un cero a la izquierda en su comunidad.

Y tú, ¿en qué escalafón estás de la manada?

Y por cierto, te comunico que este es el post nº 100

10.3.08

Jon, Tere y yo: un trío imposible

Sentada en la terraza de un bar con una amiga a la que no tengo el placer de conocer, charlando de mil cosas mientras tomaba un vodka con limón, he visto que en la mesa de detrás de mí del mismo bar estaba Jon Bon Jovi tomándose una birra bien fresquita y mirando la gente pasar.

He comentado con mi amiga que Jon aún se conserva más que bien para la edad que tiene, y mientras decía eso se me ha ocurrido ir a saludarle por aquello de recordar los años mozos en los que yo era superfandelamuerte.

Ni corta ni perezosa le he pedido a mi amiga que me excusara (comprensiva ella ante la magnitud del evento), he tomado mi vodka con la mano derecha, mi bolso con la izquierda y me he dirigido a la mesa de Jon.

Una vez allí, he puesto en práctica mi inglés estupendo de First Certificate con magnífico american accent (que es lo que tocaba) y le he preguntado si podía sentarme. Él, como no podía ser de otra manera, ha accedido. Muy majo el chaval.

Hemos empezado una animosa charla en la que le he hecho saber que se conserva estupendamente, que al natural es más guapo y que era una lástima conocerle ahora con 32 (vertiginosamente, casi 33) y no con 18, que era cuando yo era superfandelamuerte. Tras agradecimientos, halagos mutuos y buena conversación (en inglés, clarostá, como ya comentaba antes), no me ha quedado más remedio que contestar a sus preguntas después de tanta insistencia. No he podido mentirle (que a una estrella de la música nunquita jamás se le miente) y le he confesado que sus últimos trabajos no eran santo de mi devoción (saint of my devotion, tal y como le he dicho, y que le ha hecho mucha gracia) y que, en mi humilde opinión debía volver un poco a sus raíces y al toque del álbum del ‘92 aprox.

Justo en ese momento en que estábamos animosamente charlando de temas musicales de importancia (como por ejemplo, el exitazo de Rodolfo Chikilicuatre, del que él es gran fan como yo), ha asomado por allí Mª Teresa Fernández de la Vega vestida de Prada y hecha un basilisco. Sus ojos destilaban ira, ira que iba única y exclusivamente dirigida hacia mí. Yo, no entendía nada.

Parece ser que la mujer llevaba rato en otra mesa tomando un mosto, y estaba dubitante sobre si saludar al Sr. Bon Jovi o no. Y con tanta duda, yo me había adelantado, cosa que parece que la ha puesto de lo más celosa.

He intentado explicarle que no estaba ligando con Jon, y que si era cuestión de Estado, que me iba a mi mesa de ser preciso, pero que si era un tema personal de ella, me parecía de muy mala educación interrumpir una conversación ajena haciendo valer su posición política.

Para mi sorpresa, Jon asentía y Mª Teresa entendía mi inglés perfectamente.

La mujer se ha pillado un puteo de tres pares de cojones y tanto si sí como si no, ha cogido una silla y se ha sentado en la mesa con Jon y conmigo.

Acto seguido han llegado unos gorilas que me han pedido que me levantara y que les dejara mi bolso un momento. De espaldas a mis dos contertulios de terraza, los guardaespaldas me han cacheado y han revisado el contenido de mi mochila. Mientras, me ha parecido ver por el rabillo del ojo que era la propia Mª Teresa la que cacheaba a Jon Bon Jovi (llámala tonta). Finalmente, he podido sentarme de nuevo y seguir tomando mi vodka con limón.

A los tres sorbos, he empezado a sentirme pesada, soñolienta, débil. Jon, preocupado por mi bienestar, me ha preguntado si me pasaba algo, y yo le he contestado que me sentía rara. Mª Teresa me ha mirado de lado mientras sonreía maliciosamente, y entonces lo he comprendido…

- Me has drogado!!!!!! Eso es abuso de poder!!!!

Desde ese momento, solo recuerdo despertarme en un portal de un edificio viejo y oscuro, y sin comprender cómo leches había llegado allí.

- Será jodida la MariTere!! Me ha drogado y eso va en contra de los derechos humanos y de la dignidad de la persona!!! Eso es anticonstitucional!! Dime tú dónde pone en la Constitución que se podrá drogar a una ciudadana española caso de querer monopolizar una conversación con Jon Bon Jovi en la terraza de un bar!!! –me he dicho a mí misma atónita y aún algo mareada.

Me he dirigido a una comisaría después de llamar a mi Effie (que estaba en las alturas en plena fiesta) para que viniera a buscarme, he puesto una denuncia por maltrato a los animales y acto seguido he empezado a redactar un Recurso de Amparo por vulneración de derechos fundamentales (en concreto, vulneración del Art. 54.2.bis CE ‘78, que garantiza el derecho de todo español a no ser perturbado en el ejercicio de su libertad de tomarse una copa con Jon Bon Jovi).

Hay que joderse.

… Después, ha sonado el despertador y me he ido a la ducha. Estoy a la espera de que me llegue la citación a juicio por la denuncia interpuesta y la resolución del Recurso de Amparo.

(Nota: talmente así estaba sentadito Jon, y talmente así me miraba MariTere... igualicos que en la foto...).

3.3.08

Las tetas de la vecina de enfrente

Al hilo de un comentario en el blog del Sr. Edmundo Mantel, me acordé de mi vecina, la de las tetas.

Yo no tengo terraza en mi casa, pero sí un balcón de dimensiones bastante correctas, con una yuca enorme y unas cuantas plantas que quedan de lo más lindas. Una incluso ha sacado flores cuando yo creía que era toda verde. Cosas de la botánica.

Un día cualquiera, tras oír un croinch, ploc, eeeh eeeeh cabrón, ¿cabrón qué? Cabrón tú, hijoputaaaaa, salí al balcón armada con unos prismáticos, como si fuera una superheroina en auxilio de los más necesitados. Dos tipos se peleaban en la calle porque uno había chocado con el coche del otro al intentar sacar el suyo aparcado. Lejos del morbo que se supone que tendría el observar una pelea ajena, presté atención a través de los anteojos con el solo fin de poder ser útil a la comunidad y ser una buena ciudadana, documentándome por si era precisa mi declaración como testigo en un eventual procedimiento judicial incoado a causa de la disputa.

Enfrascada en tomar notas sobre quién había chocado con quién, en qué interjecciones verbales se habían vertido, en hacer un croquis del accidente y todas esas cosas que cualquier buen ciudadano haría, mi visión periférica notó que algo se movía arriba a la derecha. Era una vecina del bloque de enfrente, de dos o tres pisos más arriba que el mío. Una mujer algo rara y con el pelo crepado a lo Bruja Lola, o sea, de loca.

Estando ya los binoculares pegados a mis cuencas como si de un apéndice natural se tratara, me di la vuelta hacia el movimiento percibido. A través de los cristales, se reveló una imagen atípica: la vecina estaba en top-less, saltando y bamboleando sus tetas al ritmo imaginario de no sé qué canción y enseñándomelas a mí.

Pensé que se había equivocado, pero no, no. Me enseñaba las tetas, a mí, a la vez que saltaba o algo parecido. Dejé los prismáticos en el suelo. Entré rauda dentro de casa en busca de mi pizarra de tiza. Tomé una tiza y escribí: HOLA VECINA. ME PRESENTO: SOY TU VECINA DE ENFRENTE, SOY UNA MUJER, NO HAGO BOLLOS (POR EL MOMENTO Y QUE YO SEPA)... ¿POR QUÉ COÑO ME ENSEÑAS LAS TETAS?

Salí de nuevo, sujeté los prismáticos con una mano y con la otra levanté la pizarra y observé la reacción.

Durante unos segundos, que parecían ser los que la vecina se tomaba en leer mi sms del pleistoceno, se paró y dejó sus tetas quietas y tranquilas.

Cuando pareció haber terminado, la mujer siguió brincando y agitando sus largas tetas otra vez.

Pensé que la vida era injusta y tenía muy mala leche, porque era una lástima que esto no le estuviera pasando al desgraciado del vecino del ático (siempre pensé que un buen polvo le desamargaría el carácter neurótico que tenía).

Al ver que el bote-bote tetil no paraba, dejé los anteojos en el suelo de nuevo, borré la pizarra, tomé otra vez la tiza y escribí: ENSÉÑALE LAS TETAS AL DEL ÁTICO, TE LO AGRADECERÁ… MUCHÍSIMO MÁS QUE YO, Y ÉL SABRÁ APRECIARLO. A MÍ, MAYORMENTE, ME DA BASTANTE IGUAL.

Miré por los prismáticos mientras sujetaba la pizarra con el mensaje.

La vecina siguió con el bamboleo de sus tetas, pero pasados unos segundos paró. Borré y escribí: MUCHAS GRACIAS.

No supe nada más de sus tetas, afortunadamente.

Al cabo de unos meses, al entrar en casa cargada con las bolsas del super, oí unos jadeos cerca de dónde los buzones. Los buzones están situados justo antes de los ascensores, donde hay un pequeño rincón que, en caso de necesidad (extrema necesidad), puede usarse como lugar de intimidad de urgencia.

A medida que me acercaba al ascensor, los jadeos se hacían más cercanos y más audibles. Cuando pasé por el íntimo rincón, por el rabillo del ojo lo vi. Reconocí esas tetas. Era la vecina de enfrente con el tipejo del ático.

Desde entonces, el del ático siempre me dice buenos días con una sonrisa en los labios, me aguanta la puerta si voy cargada y ya no emite esos desagradables gruñiditos…

27.2.08

San Google les llevó hasta mi casa al buscar...

Me desmayo en la revisión ginecológica
Seguro que más de una te pedirá el teléfono de tu médico.

Definición de follar
Hay cosas que es mejor practicarlas que describirlas.

La Roma antigua follando
Y todos jadeando en latín y con coronas de laureles.

Te voy a dar una patada en todos los eso no pero esto sí
O sí o no: las cosas claras. Le das la patada o no se la das, pero no lo tengas con los huevos en vilo.

Follar se nace
¿Seguro que no se hace? Aunque de follar vienen nacimientos a veces, eso sí.

Chicas con faldas cortitas viéndose las bragas
¿Las unas a las otras? Si no hacen nada más, no le veo la gracia…

Blogs de ganchillo
Es lo más… que haya blogs dedicados al ganchillo. Necesito saber si hay imágenes de esos gorritos para el rollo de WC, tapetitos para los butacones orejeros, etc.

Mi usb no sale porq se esta usando la ltra f
Seguro que te instaló algo el mismo jodido informático que a mí. Cabrón (el informático, digo).

No vale si no follas
Como el pilla-pilla pero en lugar de gritar ¡PILLADO!, se grita ¡FOLLADO!
Pues oye… ¡CASA! ¡SALVADA!

Piano sado
Me estoy imaginando a Richard Clayderman en tanga de cuero y antifaz, pellizcándose los pezones…

Ataúdes de cáscara de avellana
Mi sueño de descanso eterno.

Alguien se ha follado a su tía incesto
Pobrecilla… mira que ir por la vida con ese nombre…

Ver sexo con folla
Vaya… y yo que creía que se podía ver con dvd, con monitor de pc o hasta incluso en directo, pero con folla

Broma marido disecado
Hombre, broma broma lo que se dice broma… Al marido no le va a hacer pizca de gracia que se le diseque, sea en broma o sea en serio.

Nombres de pájaros canarios famosos
Si son canarios, te recomiendo que le preguntes al Sr. Ingle o al Sr. Mantel, que seguro que están más versados en la materia ornitológica isleña.

Presidentes de uussaa
Yo te puedo ayudar con los de USA o con los de EEUU, pero con los de UUSSAA, no. Ese día falté a clase porque estaba malita.

Letra de caperucita de morfina
¿Es una amiga de Caperucita Roja de los bajos fondos que le lleva a su abuelita jaco en una cestita con un tarrito de miel para la infusión de marihuana?


Vuelve a a mi, vuelve vuelve, a mi ah, vuelve porque eres tu que me haces falta
Uooooo ooooooooooooooooooh!!

Pelotillas del culo
No las busques por internet. Fabrícalas tú mismo. Como la artesanía, no hay nada.

Qué color de lentillas podía usar con el color de mi piel
Unas de color amarillo limón fluorescente a rayas rosa fucsia. Te aseguro que tooooooooooodos te van a mirar.

Derecho de toda mujer a ver las piernas de un hombre
¡¡¡Sí señor!!!! ¡Ya era hora de que se reivindicara un derecho fundamental como este! Creo que uno de los puntos de los programas de todos los partidos políticos para las próximas elecciones es modificar la Constitución para añadirlo como un derecho fundamental inviolable.

Bideos de pajaros
Vueno, seguro que encuentras algo en el iutiup.

Uso y finalidad de la tijera de cocina
¿Cortar? Es lo que tienen las tijeras… ¿qué cosas, ¿eh?

Precios dentadura postiza
Depende de la cantidad de dientes que quieras que tenga. Contra más dientes, más cara. Si te conformas con la dentadura conejo (incisivos superiores e inferiores), sale tirada.

Montar a dos o a cuatro riendas
Vamos, un típico vis à vis o una orgía, para ser más claros.

Miopí­a fórmula
La suma de los cristales cuadrados es igual al cuadrado de la montura.

Campeonato de las pelotillas del culo
¿Ves? Si es que, ya veo que le has cogido el gustillo… Has empezado fabricándolas y acabas organizando campeonatos. ¿Hay modalidad federada?

Veo doble
Pues no bebas tanto.

Rhinospray alérgico
Así que ahora hay nebulizadores que en lugar de mitigar las alergias, las estimulan. ¡Qué cosas tiene el mundo de la farmacia!

Orientales comiéndose el chochito
¿Con palillos o sin palillos?

Ruego indicarme blog de Edmundo Pérez Yoma (si tiene)
Sí señor, a Google hay que hablarle con educación y sin exigencias.

Precios abejorros polinizadores
Un poquito más caros que los que no son polinizadores.

¿Qué prueba sale que eres virgen o no?
Si haces milagros, eres virgen.

Revisiones ginecológicas marranas
Que no, que no… al médico hay que ir aseada, si no, hay peligro de vómito.

Bolsos con abre fácil de cocacolas
Dime dónde están que les daré un meneo a todos los de la primera estantería… lo que me voy a reír cuando los abran…

Mega hipermétrope
Cegato de la hostia.

Qué es lo que causa las bolitas en los ojos con picor
Legañas añejas. Y si no es eso, da igual, qué ascazo, por dios.

Ver Buenos Aires ahora mismo
Ahora mismo, pero YA! No dentro de cinco minutos, no… ¡YA!
A ver si aprendemos de la educación del que buscaba el blog de Edmundo Pérez Yoma, por favor, si es que tenía.

La miro a los ojos se refleja ante mi letra de canción
A-lu-ci-na-cio-nes. Nadie puede reflejar en los ojos la letra entera de una canción… a no ser que sea Yoko Ono cantando JOHN…

Nepomuceno blogspot
El marido de la tía Facunda se ha abierto un blog…!!

Sillín consolador
Bienvenidos a Bricomanía… Hoy, algo fácil fácil, el sillín consolador. Necesitamos: una bicicleta vieja pero que no esté oxidada, una sierra para cortar acero y una lima metálica.

Britney Spears volvió a enseñar el culo
Eso no es ninguna novedad.

¿Superglue3 para ropa?
Claro, una búsqueda se hace en modo pregunta, eso lo primero. El superglue3 de la ropa se llama: aguja, hilo y dedal.

Nombre de cada diente del puerco
Diente del puerco de delante, diente del puerco del medio, diente del puerco de detrás. O bien, diente del puerco nº 1, diente del puerco nº 2, diente del puerco nº 3…

Y tú, ¿qué andabas buscando cuando caíste en mi salón?

22.2.08

Rufina: The beginning

Rufina nació en el seno de una familia adinerada sin problemas para llegar a fin de mes. La holgura de su billetera les permitía llevar los calcetines sin agujeros remendados, hacer canelones sin reciclar sobras de comida, no forrar los libros del colegio con aironfix y no tener que ahorrar agua prescindiendo de hacer tiramisú.

Todo iba viento en popa en esa época. Los padres de Rufina llegaron a comprarse un piso en la ciudad con piscina climatizada en el comedor y jacuzzi en la jardinera del balcón, y adoptaron por mascotas dos perros vegetarianos, un periquito amarillo con dermatitis y tres gatos pardos con estampado de cuadro de Gales.

Durante aquellos tiempos felices, los progenitores de Rufina solían copular muy a menudo, sin las extravagancias del sexo tántrico y sin tomar medidas preventivas.

De tanto cohabitar sus padres una noche tras otra, pasó lo que tenía que pasar. La mamá de Rufina comunicó a su marido (y padre de la futura criatura) que estaba preñada. El padre, repleto de gozo, corrió a comprarle a su esposa un bonito anillo de oro blanco coronado por un tremendo diamante en talla brillante con la inscripción ‘Me haces el hombre más feliz del mundo, amor mío. Espero que este retoño tenga tus ojos y tu sonrisa, y tenga mis sobacos y mis lóbulos de las orejas. Que este bebé colme nuestro amor coronándolo de la felicidad más absoluta. No solo te quiero sino que te adoro y beso el suelo que pisas. Tu amante esposo. Eulogio’. Todo ello escrito en Arial 0.000002 en la parte interior del anillo, que tenía aproximadamente 0.7 cm de ancho. Cada vez que Rufina miraba esa reliquia de familia necesitaba una lupa para leer la inscripción y tenía la sensación de que Gollum aparecería diciendo mi tessssssssssssssssooooooooooroooo.

A los nueve meses exactos, justo a la hora de comer, Rufina asomó la cabeza entre las piernas de su madre y rompió a llorar por primera vez, como pidiendo que le pusieran el primer plato. Así fue: de primero, teta. De segundo, teta. De postre, teta.

La bautizaron por todo lo alto: en una capilla situada a 1500 m sobre el nivel del mar.

Pero justamente en el momento en que la alegría de la familia se veía completada por la llegada de tan risueña niña, la desgracia se cernió sobre la casta de los Agorastegui en forma de tía Facunda.

La tía Facunda mandó al garete todo el patrimonio familiar a causa de su adicción al juego. Comenzó en lo de la ludopatía jugándose garbanzos al mus con las amigas de catequesis, y cuando llenó tres botes en una partida que duró hasta la madrugada, se animó creyendo que Santa Primitiva (patrona de los jugadores) la había tocado con la gracia de la fortuna en las apuestas.

Convencida de su designio divino de hacer el bien a través del juego ilegal, la tía Facunda cambió los garbanzos por monedas, después por billetes y más tarde por títulos de propiedad, pero la suerte es veleidosa y Facunda empezó a no ser tan afortunada como con los garbanzos. Perdió su casa del pueblo, el Supermirafiori, la zodiac del puerto y el apartamento de la playa. Jamás el mus había sido tan cruento.

A los dos meses del nacimiento de Rufina, su familia descubrió con gran asombro la ludopatía de la tía Facunda. Se gastaba cantidades indecentes de dinero en el bingo benéfico de la parroquia, en las tómbolas de los colegios de sus hijos/sobrinos/niños-que-no-conocía, en timbas ilegales de cinquillo, comprando boletos para los viajes de fin de carrera de universitarios… Y cada vez apostaba más y ganaba menos.

Nepomuceno, el marido de Facunda, acudió a la familia pidiendo auxilio. Pronto el patrimonio familiar se fue dilapidando en un frenesí de juego y borracheras de licor digestivo de hierbas y anís. La tía Facunda estaba irreconocible. Dejó de ir a misa, se quitó el pañuelo de la cabeza y lucía desvergonzada su pelo cano al viento enfundada en unos pantys tupidos de espuma de color negro con zapatillas planas gris marengo de cuadros.

Dejó de entonar las canciones de alabanza al Señor y de rezar el Angelus cada día a las 12, para volverse salvaje y cantar por Mari Trini, Jeannette y Mocedades a grito pelado por las calles mientras se arremangaba la falda dejando ver sus enaguas blancas y almidonadas.

Acabaron por vender todas las propiedades de la parentela y se quedaron todos juntos en una casa lo suficientemente grande como para albergar las rencillas familiares, los perros, el periquito y los gatos.

Pasó el tiempo y Rufina se convirtió en una muchachita de 2 años. Sus padres, que tenían que trabajar para alimentarla a ella, a sus hermanos, a sus primos, al tío Nepomuceno, a la tía Facunda, a los abuelos, a los perros, al periquito y a los gatos, le dijeron que urgía tener una charla de trascendental importancia.

- Hija, - dijo su padre en un tono triste y agorero- tu madre y yo estamos todo el día fuera de casa trabajando para mantener a esta jauría de holgazanes. Los abuelos confunden la leche con la lejía, los tíos están enajenados y es evidente que los perros, el periquito y los gatos no pueden cuidar de ti en nuestra ausencia. No podemos permitirnos una canguro ni una guardería privada, y no hay plazas para la subvencionada. Sólo nos queda mandarte a la Universidad pública, para que al menos estés allí entretenida y le saques provecho al tiempo. Por favor, hija, no vengas a pedirnos dinero para libros. Asiste a todas las clases y toma muchos apuntes, será tu única fuente de conocimientos. Si quieres, te sacas el carnet de la biblioteca, que creo que es gratuito. Nosotros te daremos quinientas pesetas a la semana para que desayunes y comas en la facultad, que para eso hay comedores de estudiantes… Si mamá puede, te vendrá a buscar a eso de las diez de la noche, que es cuando acaban las clases. Si no, toma un bus o que algún compañero o compañera te traiga a casa. Y si no, ven andando pero no te entretengas ni hables con extraños.

Rufina escuchaba a su padre y a la vez asentía. Comprendió, pese a su corta edad, que jamás tendría una infancia normal, pero eso no tenía por qué ser sinónimo de desgracia.

Se matriculó en la facultad y asistió a sus primeras clases. Se sentaba en primera fila, ataviada con un vestidito de cuadros vichy, una rebequita colorada de punto, unas merceditas rojas con hebillas plateadas y un clip con un lacito granate en el pelo. Cada mañana se levantaba pronto, se preparaba un par de rebanadas de pan con mermelada y se las llevaba a la universidad en una bolsita de tela con dibujos de ositos, gatitos y pollitos donde podía leerse ‘DESAYUNO’ escrito en diagonal, y así podía ahorrar algo de las 500 pesetas que le daban sus padres.

Paralelamente, buscó un trabajo compatible con su horario estudiantil. Trabajó de canguro, de profesora particular, de paseadora de perros, de sexadora de pollos… Y ahorraba todo cuanto podía de su sueldo y de la asignación de sus progenitores.

Abrió una cuenta en el banco de al lado de la facultad y depositaba sistemáticamente cada viernes a las doce del mediodía lo que economizaba de su sueldo y del estipendio para gastos.

Hizo amigos en la facultad con los que se iba a tomar colacao (no tenía edad para café) al bar del campus. Le pasaban los apuntes el día que tenía hora en el pediatra para las vacunas, y ella les pasaba los apuntes a ellos cuando tenían un lunes resacoso. Grandes compañeros entre sí. Quid pro quo.

A los 12 años Rufina se licenció. Podría haberlo hecho en menos tiempo, pero la escarlatina y el sarampión la retrasaron un poco en su ritmo, y en cierto momento perdió el interés y se preocupó más de vivir la vida que de estudiar.

Cuando se licenció, comprobó que tras años de ahorro de la asignación semanal y los sueldos, tenía dinero suficiente como para comprarse un coche sin tener que pedir un préstamo, quedándole un saldo disponible lo suficientemente interesante.

Fue a la autoescuela para sacarse el permiso de conducir. Le dijeron que era demasiado pequeña y no llegaba a los pedales, que volviera a los 18. Rufina no se daba por vencida fácilmente: si el Vaquilla conducía siendo un niño, ella también; si ella había podido sacarse una licenciatura, tenía que poder sacarse un permiso de conducción tipo B.

Se compró unos zapatos con alzas y volvió resuelta a la autoescuela. Después de comprobar que con las alzas llegaba a los pedales, pagó y empezó el camino hacia su independencia.

A los 13 años se sacó el carnet de conducir (la teórica a la primera y la práctica a la cuarta… se ponía muy nerviosa y del tembleque se le caían los zapatos y las alzas).

Con el permiso rosa en su mochila de oso de peluche, se encaminó a varios concesionarios de vehículos de ocasión, para comparar precios.

Finalmente, se decidió por un SEAT 124 color tabaco metalizado con faros antiniebla cubiertos por unas tapas blancas de plástico y techo negro.

Se sentó en el coche, colocó la llave en el contacto, la giró y encendió el motor. Metió primera, pisó el acelerador suavemente y pensó:

Rufina, este es el principio de tu vida…

14.2.08

De bogavantes inteligentes y otras historias

Una compañera de trabajo sueña que habla con un bogavante y que tiene que convencerlo para que vuelva al congelador. Lo mejor de todo es que el animal le contestaba.

Me he quedado con las ganas de saber cómo acababa el sueño: si el bogavante volvía al congelador, si fenecía en un arroz caldoso o si se sentaban a hablar de la insoportable levedad del ser.

Mañana le preguntaré, si no es que alguien ha decretado su ingreso urgente en un centro de salud mental (eufemismo políticamente correcto para manicomio).

Pensando incesantemente en el bogavante orador, caí en la cuenta de que yo sería incapaz de cocinar algo que me hablara. Aunque claro, un arroz caldoso de bogavante es un arroz caldoso de bogavante. Pero que me lo vendan mudo. Hablará gesticulando con sus pincitas, pero yo no me voy a enterar de nada, y ya se sabe, orejas que no oyen, paladar que disfruta.

En realidad creo que sería incapaz de cocinar algo que tan solo me mirara. ¿Cómo atacar en un gesto rápido y seguro el pescuezo (que digo yo, será la forma más rápida de matar algo) de un animal que me está mirando con esos ojos de ‘¿Para qué sirve eso que tienes en la mano? ¿Vamos a jugar a algo?'?

A decir verdad, creo que sería incapaz de cocinar y comer algo que tuviera cara. ¿Cómo clavar el tenedor en ese cuerpo cuyos ojos resecos por el calor del horno te están mirando fijamente mientras te dicen ‘¿Qué te he hecho? ¿Por qué yo? Podríamos haber sido amigos…’? ¿Cómo despedazar hábil con el cuchillo algo que tiene esa mueca de sonrisa forzada por la sequedad y la tirantez de la piel al calor de la cocción?

En cambio, un buen filete no te mira, no quiere ser tu amigo, no te pregunta por qué le das ese destino después de lo mucho que ha hecho por ti o por qué miras tanto al arroz de acompañamiento cuando el filete debería ser suficiente para ti, que para algo lo pediste de la carta. No, él no te mira ni te habla ni te increpa. Él simplemente se sacrifica para tu placer y se deja cocinar, por ejemplo, con una sabrosa salsa a la pimienta verde (y que a mí, personalmente, me sale para chuparse los dedos).

Y me pregunto, ¿qué significado psicológico tendrá un bogavante que habla?

Porque es bien sabido que el mundo onírico es un sinfín de imágenes metafóricas que nos revelan que por cuerdos que parezcamos, estamos como una chota. De ahí que algunos gustemos de comer el queso de la cabra, pisoteando y destruyendo el derecho de propiedad que toda cabra ostenta sobre su queso, así como cada pájaro lo ostenta sobre su lechuga y así sucesiva y cumulativamente hasta el infinito y más allá.

Hazme caso, si la fecha de caducidad de cualquier producto envasado es anterior al día en el que estás, tíralo a la basura, no te lo comas… o escribirás posts como éste.

6.2.08

La magia de la música

Hace un par de viernes se juntaron cuatro músicos para los que las palabras se me quedan cortas… Simplemente geniales y auténticos… Y me transporté en el tiempo, cuando les veía tocar cada viernes, ya fuera a algunos de ellos o a todos al completo (un verdadero regalo para los sentidos).

Esa noche de hace dos viernes los glóbulos rojos se encargaban de suministrar oxígeno a mis músculos para seguir bailando y gritando una canción tras otra, tras otra, tras otra, tras otra… El vino en la cena y los dos gintonics tuvieron algo que ver, pero ahora no estoy hablando de eso.

Corcheas y semicorcheas, fusas y semifusas, redondas, negras, tas y tis se encargaban de inundar cada exhalación de aire y convertirla en magia. Qué jodidamente mágica es la música. Cuánto la añoro. No recordaba hasta qué punto la echo de menos.

Me es difícil describir cómo la música se siente en las venas y recorre todo tu cuerpo, despacio, llegando a esos rincones que habías abandonado y dejado inhóspitos, cómo los llena sin hueco posible, cómo te inunda por completo en un gran estallido repentino e incontrolable.

Cómo una voz y un piano te arrancan las lágrimas; cómo el sonido eléctrico de una guitarra te sacude con un escalofrío desde la espalda hasta la nuca; cómo un bajo palpita galopante con los latidos de tu corazón; cómo una cadencia de batería te cabalga, te extasía y te arropa a un ritmo que entrecorta tu respiración…

Devuélveme 12 años atrás, a ese antro con humo, estrecho, abarrotado de gente, pintado con las paredes de colores y que la noche tornaba en grises. Devuélveme a mi eterna baldosa en primera fila, coreando las canciones, desbordándome una semana tras otra.

Devuélveme por unas horas a esas charlas en el bar de al lado en los descansos, a esas horas en vela para escuchar la última canción, a esos cigarrillos a oscuras y tequilas y cervezas.

Devuélveme a la emoción de esas noches, a un momento en que todo podía ser y nada estaba decidido de antemano.

Por un instante creí volver a todo eso. Por un instante sentí volver a todo aquello…

23.1.08

No es necesario un laberinto para perderse

Es reconfortante convertir un trayecto de unos 25 minutos en uno de 80, más aún cuando el viento acaricia tu cuerpo (y te ladea constantemente desplazando tu moto de lado a lado del carril mientras intentas no caer ante la posibilidad de que una vez en el suelo te arrollen los tres o cuatro coches que van detrás de ti), más aún cuando la velocidad roza tu piel (y te jodes de frío porque tienes guantes cortos en lugar de largos, el aire gélido te entra por las mangas y la mayoría de tíos de tu entorno de trabajo te hacen la bromita de ‘¿Qué? Estás contenta de verme, ¿no?’), y más aún cuando el tiempo parece no tener importancia (excepto porque ya deberías estar en un determinado lugar y como no sea por teletransporte molecular, pintan bastos).

Es bien cierto aquello de más vale loco conocido que sabio por conocer. Entendamos por loco el trayecto de siempre. Entendamos por sabio el trayecto que te sugieren y que o bien no has tomado nunca o bien tan pocas veces que a penas recuerdas.

-No, hay un camino más directo que el que tú dices. Mira, en lugar de girar a la derecha para tomar la autopista, sigues recto. En la rotonda, tomas la salida que hay al lado de la salida esa que gira un poco a la izquierda, que esa no es, no te confundas, es la que está al lado, cerca de la comisaría.

Y yo pensando: me veo desabrochándome el botón de la camisa para que me digan qué mierda de salida hay que coger.

-
Es fácil. Bueno, claro, es fácil cuando ya sabes el camino. Si no ves por el camino de siempre, da igual.

Ya la jodimos. Ya me has tocado el orgullo. Por una estúpida rotonda asquerosa me voy a rajar yo.

Tengo tiempo de sobras. El mundo es de los atrevidos. A por ellos, que son pocos y cobardes.

Como una voz en off, las indicaciones que me habían dado hacía un rato retumbaban en mi cabeza.

…En la rotonda, tomas la salida que hay al lado de la salida esa que gira un poco a la izquierda, que esa no es, no te confundas, es la que está al lado, cerca de la comisaríaaaaaa… (casi me parece estar oyendo ahora ese eco de las voces en off tan característico).

¿Qué salida he tomado?
…al lado de la salida esa que gira un poco a la izquierda, que esa no es, no te confundas…
Justamente ésa. La de ‘no te confundas’. La que estaba al lado, era en contradirección, y oye, yo llevo una moto, no un tanque.

Ese camino me ha llevado hasta un Hospital Universitario colgado en la montaña. Carretera y manta. Dale que te pego. Curva aquí, curva allá, jódete, jódeteeeeeeee (me parecía oír en mi cerebro al son de Mecano).

Cuando he podido, he dado la vuelta y he desandado el camino. Entonces la banda sonora era una mezcla entre la versión de Mecano pero cantada al revés (muy Exorcista, sí) y la de caminante no hay camino, se hace camino en scooter (una versión también, obviamente).

En esa tesitura, he acabado en la misma autopista de siempre, tomándola por el mismo camino de siempre. Justo allí, debía tomar otra decisión. La pastilla azul y tomar la vía rápida de siempre, o la pastilla roja y meterme en la madriguera de conejos a ver si en la otra vía rápida encuentro la jodida señal que me recuerda por dónde salí esa vez que la tomé e hice un camino correcto.

Como dije antes, el mundo es de los atrevidos. Pastilla roja.

Más viento (estoy por ponerme un par de sacos de arena que aumenten mi peso, porque cualquier día de estos echo a volar), más coches, camiones, motos, túneles, bla bla bla.

¡La salida! Es la zona. Bueno, también va a dar a la autopista dirección Tarragona-Lleida, que está como a tomar por culo de dónde tengo que ir.

Intermitente. Aún no. Es más adelante. Es más adelante. ¡Mierda! ¡Es aquí! Salgo y conforme voy tomando la curva me digo ‘era más adelante… un pelo de culo más adelante, pero ese pelo es la diferencia entre Tarragona y Barcelona… lo que da de sí un pelo de culo’.

Tira millas hasta que encuentres la próxima salida y hagas un cambio de sentido.

Aunque, eureka!, bien pensado, si aprovecho el viento que hace y levanto un poco los brazos sin soltar el manillar, a lo peor el aire en fricción con las sobaqueras me eleva y puedo cruzar la mediana al vuelo… Lo chungo es aterrizar. Mejor no. Siguiente salida, cambio de sentido.

Me encamino de una puta vez hacia dónde quería ir después de dar más vueltas que un garbanzo en la boca de un viejo.

Estando a poca distancia de entrar en la ciudad, por el carril de mi izquierda aparece un descapotable (capotado, que es invierno). Es igualito que el coche de SAM. ¿Será SAM? Bah, no creo. Agacho un poco la cabeza. Es SAM. Claxon. SAM mira. Suelto una mano del manillar. Saludo. Siempre me olvido que mi cara está tapada por un casco negro integral y unas gafas de sol oscurísimas. SAM mira. Sigo pitando el claxon, saludo de nuevo y hago gesto de ‘me parto la caja’. Yo iba gritando dentro del casco ‘SOY YOOOOOOOOOOO!! JAJAJAJJAJAJAJA!! HAY QUE JODERSE! SOY YOOOOOOOOOO!!’.

SAM trabaja lejos de dónde trabajo yo. No suele venir a mi ciudad a menudo. Si viene, toma la autopista en la que le he encontrado. Yo NUNCA tomo esa autopista en días laborables porque está a en la otra punta de donde yo trabajo.

Al final, a la entrada de la ciudad, paramos en un semáforo. Levanto visera, bajo gafas y consiguiente partida de caja mutua. Quedamos en llamarnos y tal vez tomar un café si hay tiempo.

Jodido destino. Jodida casualidad. Jodido laberinto. Jodida pastilla roja.

Toma el camino de siempre, Pequeño Saltamontes.
Toma la pastilla azul y despiértate en tu cama, Neo.

O toma el camino desconocido, la pastilla roja y dos kilos de paciencia y tal vez puedas volar propulsado por el aire en fricción con tus sobacos, y en el trayecto encontrarte con un amigo al que hace tiempo que no veías.

Lo que yo te diga… No es necesario un laberinto para perderse.

¿No crees?

10.1.08

Rufina Agorastegui y su revisión ginecológica anual

Rufina Agorastegui es una muchacha risueña de chisposos ojitos curiosos, sonrisa pícara y andares vigorosos.

Como a toda mocetona, un día le llegó el momento de realizar su primera visita ginecológica. Algo que toda mujer desea fervientemente cada año por el buen rato que pasa charlando del tiempo mientras alguien a quien no conoce de nada hurga en sus partes más íntimas con desprecio y sin siquiera un besito antes de empezar la faena.

Por pudor, buscó en un listado de médicos uno que fuera mujer como ella, y que además le quedara cerca de su domicilio.

Sabía que un doctor es igual de profesional que una doctora, pero se sentía algo incómoda pensando en abrirse de piernas ante un hombre con el que ni tan solo hubiera tenido una cita. Aunque claro, pensar en pedir hora para el ginecólogo y el primer día proponerle irse de copas para tener algo de confianza, se le antojaba ridículo, excepto si el doctor estaba de muy buen ver, en cuyo caso tal vez decidiera abrirse directamente de piernas con o sin familiaridad previa, evidentemente para la revisión ginecológica habitual, no para ningún otro menester.

Para no complicarse la existencia ni la visita médica, localizó a una ginecóloga en su mismo barrio. Llamó, pidió cita, y el día en cuestión se presentó en la consulta: sin roña detrás de las orejas y con las bragas limpias.

Mientras esperaba su turno, se dedicó a escudriñar la sala de espera. Había revistas del corazón, revistas del National Geographic, revistas de temas médicos… pero lo que a ella le interesaba era explorar el entorno. Dedujo que aquella doctora gustaba de viajar a países exóticos, montar a camello en el desierto, cortar lianas con un machete en plena selva tropical, probar gusanos y saltamontes asados, sufrir enfermedades transmitidas por mosquitos amazónicos y todas esas cosas propias de las personas aventureras. Una mujer de mundo en definitiva. Sentía curiosidad por qué cara tendría la doctora y con qué actitud la recibiría.

La recepcionista de la consulta asomó en la sala de espera:

- ¿Rufina Agorastegui?
- Sí, yo.
- Puede pasar.
- Gracias.

Entró en la consulta y ahí estaba la aventurera ginecóloga, sentada tras la mesa, preparando los papeles del historial médico para el interrogatorio del tercer grado.

Lejos de fijarse en su cara, en su pelo, en su vestimenta bajo la bata blanca, la mirada de Rufina fue directamente a sus manos. Más concretamente a sus dedos.

‘Tiene dedos de ranita’, pensó.

La doctora le iba preguntando si tenía antecedentes de esto o de lo otro en su familia, si había tenido abortos, si tenía alergias a medicamentos, etc.

‘Dedos de rana, definitivamente… Con esas bolitas por yemas’, siguió pensando absorta mientras imaginaba una rana verde pistacho de piel brillante vestida con bata blanca y asistiéndola delante del potro mientras buscaba una mosca que le sirviera de merienda. ‘Espero que no tenga mini-ventosas en las yemas… sería fatídico’, se dijo a sí misma.

De pronto, pensó que debía huir de aquel lugar y dejar a la ginecóloga con la palabra en la boca. Rufina se dio cuenta de que el momento para que le dijera ‘puede desnudarse de cintura para abajo’ estaba cada vez más cercano. Se tumbaría en la camilla recubierta de papel blanco altamente higienizado, apoyaría las piernas en el potro abiertas de par en par y la doctora procedería con sus dedos de rana a efectuar el examen. Pero Rufina no podía dejar de pensar en esas bolitas que tenía la ginecóloga por puntas de dedos. ‘Seguro que cuando acabe, pese a los guantes, sus deditos de rana harán ventosa y cuando los retire sonará como una botella de cava descorchándose’, idea que le aterraba por lo grotesca que era. Y le entró la risa. ‘Mi coño es una botella de champagne’. No podía parar de reír.

La doctora miraba atónita a Rufina, abierta de piernas sobre el potro, desnuda de cintura para abajo, vestida de cintura para arriba. La mascarilla no permitía ver la mueca de la ginecóloga, pero sus ojos la delataban: estaba más perdida que Britney Spears en una ordenación de curas, no entendía nada. Rufina, mientras tanto, esperaba el momento del descorche, porque si era algo que debía pasar indefectiblemente, al menos tomárselo con humor. Pensó en cambiarse el nombre y llamarse Cordón Negro Agorastegui, o tal vez Rondel Oro Agorastegui, o quizá Recaredo Agorastegui si quería parecer de más alta alcurnia. Moët Chandon Agorastegui le parecía demasiado pomposo.

El momento del descorche se acercaba. Rufina esperaba oír el ‘plop!’ de un momento a otro, y no podía contener la risa mientras una gota de sudor frío le recorría la sien.

La ginecóloga acabó la visita y no se oyó ningún ‘plop!’. Rufina se sentía entre aliviada y decepcionada. Se vistió, sin biombo alguno, recogió su bolso y se fue. Mientras estaba en el ascensor, pensó: ‘Casi preferiría quedarme en pelotas durante la visita… estar desnuda solo de cintura para abajo es muy humillante’.

Pasaron los años y las visitas con la Dra. Rana se sucedían sin incidencias, aunque Rufina siempre acababa imaginándola subida a un nenúfar y croando aventureramente ‘BUD-WEIS-ER!!’.

Un día, la Dra. Rana decidió dedicar su vida a los viajes en camello, a los saltamontes tostados, a los oasis desérticos, y acabó formando parte del harén de un magnate árabe, abandonando su profesión y dedicándose a complacer de forma sumisa las perversiones sexuales de su esposo y amo.

La pobre Rufina, que ya había logrado establecer una relación de confianza con la ginecóloga, tuvo que buscarse nuevo facultativo que la atendiera.

Decidió probar suerte con los ginecólogos de la Seguridad Social, y eligió a una doctora por el nombre, simplemente porque le sonaba bien. Pidió cita y el día en cuestión acudió como todas las otras veces: sin roña detrás de las orejas y con las bragas limpias.

Rufina estaba en la sala de espera, pasando el tiempo enfrascada en la lectura de un libro y mascando discretamente un chicle con sabor a hierbabuena.

Salió la enfermera:

- ¿Rufina Agorastegui?
- Sí, soy yo.
- Pase.
- Gracias.

Entró. La sala era un tanto fría, toda ella de color blanco iPod inmaculado, con los vendajes ordenados por tamaños y los sueros fisiológicos según fecha de caducidad. De entrada, no pudo forjarse una idea de cómo era la doctora: ¿Sería una mujer de ir a misa? ¿Sería una depredadora sexual? ¿Sería la madre perfecta, esposa perfecta, hija perfecta, nuera perfecta, hermana perfecta, todo perfecta? ¿Sería una ex-progre pseudohippy? ¿Sería una mujer corriente y moliente?

‘Al menos no tiene dedos de ranita’, se consoló resoplando confortada.

Rufina se hacía todas estas preguntas mientras mascaba silenciosamente el chicle un par de veces, solo un par. Decidió guardarlo entre la segunda muela empezando por atrás y la mejilla.

La ginecóloga, tras un aséptico ‘buenas tardes’, se había pasado unos minutos rellenando papeles y preparando de nuevo el tercer grado, y todo ello sin mirar un instante a la paciente. Finalmente, levantó la vista del papel y miró a Rufina por encima de sus gafas.

- Tire el chicle en la papelera –dijo en un tono gélido.
- ¿Perdón? -preguntó Rufina.
- Por favor, tire el chicle en la papelera.

Rufina, sorprendida, se levantó, fue hasta la papelera de la esquina del consultorio y tiró el chicle.

‘Que yo sepa, no estaba mascando el chicle con el coño… Y que yo sepa, no me van a mirar las muelas… No entiendo nada’, pensó Rufina extrañada.

Se sentó de nuevo, esperando a que la doctora la castigara de cara a la pared con los brazos en cruz y con sendos tomos de la enciclopedia de los medicamentos sostenidos en cada mano no sin previamente haberle hecho escribir 500 veces ‘No mascaré chicle en la consulta, ni con la boca ni con el potorro’. Pero era la Seguridad Social, y no estaban para perder el tiempo en tonterías.

Se sucedió el tercer grado sin pena ni gloria y vino EL MOMENTO.

- Desnúdese de cintura para abajo y túmbese. La enfermera la ayudará.
- Gracias.

‘Sé tumbarme sola, cada noche lo hago al irme a dormir… pero bueno… cualquiera le replica’, pensó Rufina todavía preguntándose por qué debía tirar el chicle a la papelera para una revisión ginecológica.

Se desnudó de cintura para abajo. Dejó sus pantalones bien puestos encima del respaldo de una silla, y las bragas (limpísimas) escrupulosamente dobladas encima del asiento. Se tumbó sobre la camilla cubierta por un altamente higienizado papel blanco y se abrió de piernas sobre el potro. La enfermera colocó una tela verde sobre su vientre y se retiró.

La estampa era impagable: Rufina abierta de piernas como un pavo a medio rellenar; delante de ella, a su izquierda, la mesa y detrás la doctora escribiendo una aproximación al Quijote; delante de ella, a la derecha, una puerta que no sabía a dónde daba. Veía sus rodillas y las puntas de sus pies, que movía alegremente en un intento de entretenerse y no pensar en que tenía todo el potorro al aire sin siquiera un biombo de por medio.

De pronto, se abrió la puerta que Rufina no sabía a dónde daba. Rufina abrió los ojos, que parecían dos platos de Villeroy Boch, en un gesto de sorpresa. Detrás de la puerta apareció un hombre ataviado con una bata blanca. El hombre se dirigió a la Dra. Tirelchicle.

- Acaban de venir los del sindicato.
- ¿Y cómo está el tema? –contestó la ginecóloga.

‘El tema lo tengo al aire’, pensó Rufina, que no se creía que aquello le estuviera sucediendo a ella. Mientras, movía los dedos de los pies y los miraba fijamente procurando autohipnotizarse pensando en una playa de arena blanca y mar cristalina y calmada, en un vano intento de abstraerse del hecho de que un hombre con el que ya no solo no había ido a tomar una copa sino que ni tan solo había cruzado una palabra, estuviera viéndole la pepitilla en todo su esplendor y hablando del sindicato.

- Bueno, las enfermeras han decidido que blablablablabla… -seguía explicando el hombre con la bata blanca a modo de latest news.
- Ah, está bien, no es mala idea.

‘Será médico. Tiene que ser médico. Si un extraño me ve el chumino, tiene que ser médico. Me niego a que un sindicalista del comité de empresa me vea el potorro siendo un tipo tan feo y sin haberme invitado a una copa’, se repetía Rufina incesantemente.

El señor de la bata blanca y la Dra. Tirelchicle seguían hablando de temas sindicales. Rufina seguía moviendo los dedos de los pies concentrándose para mover el pequeño con la simple finalidad de dirigir su atención hacia otra cosa que no fuera pensar que el señor de la bata blanca tenía un primer plano estupendo de su entrepierna.

- ¡Disculpen! –les increpó Rufina en tono firme.

Ambos se volvieron y la miraron, con cara de extrañados.

- ¿Sí? –preguntó la Dra. Tirelchicle.

En ese momento, Rufina se arrepintió de haber abierto la boca además de las piernas, porque ahora sabía a ciencia cierta que ambos la estaban mirando esperando una explicación a la interrupción, explicación que ella debía dar abierta de piernas y sin bragas, moviendo los deditos de los pies para abstraerse de la situación y levantando la cabeza mientras forzaba sus abdominales para comprobar que la miraban a los ojos.

- Miren… Me alegro de que la doctora no tenga dedos de ranita, lo cual es todo un logro. He tirado el chicle a pesar de no estar mascándolo con el coño. Se me están durmiendo los pies, que esto del potro es de lo más incómodo que se ha inventado jamás. A usted –dijo señalando al señor de la bata blanca- le estoy enseñando algo que nunca enseño sin al menos una cena y una copa previas. Comprendan que esto es algo muy violento para mí… Deseo de todo corazón que las negociaciones sindicales fructifiquen, pero tengan en cuenta que estoy abierta de piernas enseñando el culo.

Se hizo un silencio solemne. Los dos la miraban fijamente. Rufina movía los deditos y ya había perdido de vista hacía rato la playa de arena blanca. Notaba las pulsaciones de su corazón irado en las sienes. Tomó aire decidida, subió un poco más la cabeza y dijo:

- No querría molestarles con mi interrupción, pero, ¿no tendrían algo para leer mientras acaban de discutir el tema? Gracias.

8.1.08

La jodida letra F y otras memeces que me joden

La letra F, siempre que conecto algo nuevo en una de las entradas de USB y que previamente no esté configurado, me da un poquitín por saquito, con la mera finalidad de hacerme la vida muchísimo más fácil, cómo no. Si es que, la tecnología es el nirvana, el sumum de la felicidad, el ráscame aquí que me pica y así me da gustito.

Desde que un informático, de cuyo nombre no quiero acordarme, configuró la red de trabajo y decidió otorgarle al servidor la letra F, todo ha sido un mundo de luz y color para mí y mi estupendoso pc.

Letra A: disquetera de 3½
Letra B: ahora mismo no me acuerdo, se aceptan apuestas.
Letra C: Disco Duro
Letra D: Unidad de Cd-Rom
Letra E: Unidad de Dvd
Letra F: EL PUTO JODIDO POR CULO DEL SERVIDOR
Letra H, I, J, K …y hasta el infinito y más allá:
las letras que debo asignar a las dos jodidas entradas usb frontales que tengo para conectar pen-drive, cámara digital y un largo etc. de cosas que puedes conectar mediante usb.

Cada vez que conecto algo nuevo que previamente no ha sido conectado en el pc, por defecto le asigna la siguiente letra de dispositivos, o sea, la F. Porque, señoras y señores, la F de mi ordenador es una imagen de la C del servidor. Que ahora mismo, si me pregunta Usted el jueves le diré que me voy a Cunit, y que no sé por qué se hizo así, pero que no me atrevo a tocarlo, no sea que se joda la marrana y la red deje de funcionar, con el consiguiente retraso en mi trabajo que eso supondría.

Conclusión: cada vez que conecto algo nuevo previamente no conectado y debo asignarle una letra diferente de la que el pc asigna por defecto, y normalmente lo hago empezando por la Z y en orden inverso al recitar el abecedario… o sea, como si lo dijera la niña del Exorcista… en definitiva, al revés! Mi ordenador (que no tiene culpa de nada, pobrecito, que es un santo) me dice mediante un bello globito ‘Ak, nena, acabas de conectar un dispositivo nuevo. Muy mono, sip, estupendo, también… Ya está listo para usarse, pero gracias a aquél tipo de cuyo nombre no quieres acordarte, ahora vamos a jugar un poco al escondite… Tú empiezas a contar y el dispositivo que has conectado no aparecerá en Mi Pc hasta que le asignes una letra nueva, ok???’

Y yo contesto: vaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaale… pesaaaaaaaaao que eres, jostias!

Me voy a Mi Pc, botón derecho, administrar, administración de discos, cambiar letra, decir que sí ante la amenaza de ‘que sepas que si tocas esto fijo que vas a tener problemas, que los programas no te van a rular y después te vas a acordar de todos mis chips, irás al infierno por cambiar la letra y arderás en el fuego eterno mientras Satán te mete el dedo chupado en la oreja’, y yo clicando en el ‘que síiiiiiiii, que vaaaaaaaaale, que yaaaaaaaaaaaaaa’. Y dale una letrita nueva.

Hay que joderse.

Otras memeces que me joden son, por ejemplo:

La rectificación automática de Word. QUIERO escribir jostias, no hostias. Sí, subráyalo, sé que es una falta, pero es que quiero decirlo así, con su J, no con su H. Quiero decir JOSTIAS, no HOSTIAS. Pero él, con su tesón, lo rectifica una vez y otra y otra y otra y otra, hasta que comprende a fuerza de repetición que lo que quiero es escribir jostias y no hostias. Qué paciencia, por dios, qué paciencia… Podría desactivar la corrección automática, pero escribo tan a toda leche que en ocasiones me va bien que me ordene dos o tres letras puestas a toda prisa… Lo que debería hacer mi Word es entrar en simbiosis conmigo y entender cuándo quiero decir jostias y cuándo hostias.

Hay que joderse.

Y podría recitar más cosas que me joden, pero es que es tarde y mañana tengo que trabajar…

Y a ti, ¿te pasa algo parecido a esto que te cuento? Es más, ¿qué memeces te joden?

3.1.08

Bum bum bum bum bum bum...

Histeria, nervios, estrés, subidón, adrenalina, bum bum bum bum bum bum… ya casi, voy voy voy voy.

Rápido, no hay tiempo que perder, el tiempo es oro. ¿Es oro? Si fuera verdad, tendría un alijo de lingotes en casa que no lo saltaría un burro… con el partido que yo le saco al tiempo. No, el tiempo no es oro. El tiempo es eso, tiempo. Segundos, minutos, horas, días, semanas, meses, años… Tiempo. Me falta tiempo, da igual el formato mientras sea en grandes cantidades.

¿Me regalas algo de tiempo?

Este año a los Reyes les voy a pedir tiempo, para mi cumple voy a pedir tiempo, y voy a pedir si puedo cambiar los puntos de la visa por tiempo en lugar de por regalos inútiles que se quedan encerrados dentro de un armario o dentro de algún cajón.

Bum bum bum bum bum bum… Llego tarde, pero llego, llego, llego, estoy llegando, esperadme, estoy llegando, estoy aparcando, ¿he cerrado el coche?, mejor vuelvo y lo compruebo (solo me faltaría que me lo robaran ahora… le parto las piernas al jodido ladrón), estoy llegando, esperadme, ya casi estoy ahí, estoy subiendo la escalera, voy voy voy voy… bum bum bum bum bum.

Estoy llegando… mierda de moto, corre muy poco. Ya voy, ya estoy, casi, casi. Joder, el puto cofre no se abre. Casco fuera, guantes fuera, dentro del cofre, lo cierro. ¡Mierda! No le he puesto la pinza en el disco. Bajo un momento, ahora vengo. Jodeeeeeeer, qué poca puntería que tengo. Una vuelta de llave, ya. Bloqueo del manillar. Listos. Escalera arriba, escalera abajo, holas, adioses, hastaluegos, una conversación (pero corta), un par de besos (mientras me marcho hacia otro lugar). Bum, bum, bum, bum, bum, bum, bum, bum.

Me vibra el pantalón. No, es verdad, no es el pantalón, es el móvil, que lo llevo en el bolsillo de atrás. ¿Sí? ¿Un café? No tengo tiempo… Bajo ahora mismo al bar!! O voy o me muero. Es lo que mejor me va, es mundialmente conocido el efecto relajante de la cafeína. Bum, bum, bum, bum, bum, bum, bum, bum, bum, bum, bum.

Café, entre risas, papeles que ojeo entre sorbo y sorbo, y miradas cortas y repetidas al reloj. Bum, bum, bum, bum, bum, bum, bum. ¡Mierda! Me voy, que no llego!! Bum, bum, bum, bum, bum, bum, bum.

Hay momentos en que quiero irme a criar cabras al monte. Allí el tiempo pasa más despacio. Quien dice criar cabras dice dar de comer a las gallinas. No importa. Pero entonces echaría de menos algo del bum bum bum bum bum bum. La adrenalina es adictiva. Mal rollo ese. Me quiero ir al campo, pero con unos días me bastaría. Y sin obligaciones de alimentar animales… Simplemente sin hacer NADA, solo tumbarme y ver moverse las nubes, ver agitarse la hierba del campo acariciada por la brisa del mediodía. Pero con un mp3 y unos altavoces, que relajarse está muy bien, pero entre tanto silencio acabaría echando de menos la música. Estoy convencida.

Tiempo… eso es lo que quiero para mi cumpleaños. Tiempo y un masaje relajante de ocho horas. No hace falta que sea el/la mismo/a masajista, pueden turnarse, no tengo manías. El único requisito es que el masaje sea relajante (de los de hilillo de babita) y que el sujeto que recibe el masaje durante las ocho horas sea yo.

Suena el fijo. Contesto. Suena la otra línea del fijo. Hola, buenas tardes, un momento por favor. Suena el móvil. Tengo dos orejas, dos manos, un solo cerebro. Puedo hacer varias cosas a la vez, pero para malabarismos, el circo.

Mañana lo recojo. Mañana lo presento. Sí, miraré a ver qué tal está el tema, qué cojones que tienen, dejarlo todo allí parado sin mover un jodido dedo! No te preocupes, déjalo en mis manos, en un par de días sabremos algo… o lo sabemos o me cargo a alguien, tranquilo. No, yo me encargo, tú ni te preocupes. Sin problema. Bum, bum, bum, bum, bum, bum, bum.

Quiero gintonic. Bum bum bum bum bum.

Las navidades me las he pasado en cama. En cama, enferma (te lo aclaro porque te estaba leyendo la mente). Nada grave, solo gripe. Tenía tiempo, qué ironía… tenía tiempo y me lo paso enferma… qué cojones!! Tenía una semana casi enterita, para descansar, para poner al día algunas cosas… Pero no, tenía que ponerme enferma justamente la semana en que todo mi curro estaba organizado para tener algo parecido a puentes y esas cosas. Bum, bum, bum, bum, bum, bum… Hay que joderse!

Pero hay algo peor aún: sé que en el fondo, una parte de ese bum bum bum bum bum bum bum bum bum me gusta, me pone las pilas y me revoluciona el motor.

…Jodida adicción a la adrenalina…!!

¿Qué tal tú estos días del 2008?