KNOCK KNOCK KNOCK!!!

Adelante... pasa... como si estuvieras en tu casa...

13.6.06

Mi Buenos Aires querido... CAPÍTULO 2º

CAPÍTULO 2: LLEGUÉ, VI Y ME VENCIÓ

Sí, porque no vencí yo a la Argentina, no vencí yo a Buenos Aires… me venció ella a mí, y yo me dejé, sumisa, obediente, anonadada, dócil, encantada… Me venció de por vida.

Aterrizaje en la Argentina

Embarque en Barajas. Ahí me había quedado en el post anterior.

No nos toca ventanilla. Es una lástima, pero sobreviviré. Al menos, a pesar de estar en zona pasillo, estoy en un extremo, así que no tengo que pedir permiso para levantarme. Ya es algo. Es horrible cuando tienes a una señora de mediana edad invadiendo tu espacio vital irremediablemente, se queda dormida, ronca y tú tienes ganas de ir al baño, ir a por algo de comer, a por algo de beber… Estás aprisionada, ahí, al lado de una extraña que te ronca al oído y que no te deja salir de ese breve espacio en el que estás. A la vuelta sí me pasó eso (incluida la señora que roncaba, se dormía y a la que tenía que despertar para levantarme), y al final, por necesidad, confraternizas con quien sea porque ya se sabe eso de que el roce hace el cariño.

Me sitúo otra vez… Embarcamos en Barajas.

Despegamos. En ruta. 12 horas de vuelo nos esperan. Las expectativas cinematográficas del avión son pésimas, y el hilo musical horrible. Sacamos el mp3 con el jag para poder conectar 2 auriculares. Pasa un rato.

El mp3 ya nos cansa, ya me cansa. Empiezo a aburrirme y a querer llegar a mi destino, y cómo no, me entra hambre del puro aburrimiento.

Estoy eufórica, estoy yéndome lejos, a otro continente, a conocer otra gente, otros lugares que nada tienen que ver conmigo, a otra gente que quizá tenga que ver conmigo o quizá no, a olvidarme de mi vida durante un tiempo. A olvidarme de mí dentro de mi vida durante un tiempo. Necesito unas vacaciones de mi realidad, un tiempo out, y me lo voy a tomar. A 10.000 km. de casa no hay nada tan urgente que no pueda esperar, sobretodo porque no puedo volver: mi boleto es cerrado y no admite cambios en las fechas.

Sigo aburriéndome pese a que intento ver una de las películas (es infumable, no puedo con ella), y dormir es tarea complicada. Hambre. Tengo hambre, un hambre voraz. No llega el momento en que traigan la cena, o el almuerzo, o lo que fuera.

Oigo trastear en la parte trasera del avión: ¿será comida?

Para resumir: trajeron la comida, comí, hablamos, medio dormitamos, comí otra vez (fui a por sándwiches y después le mandé a él a por más, y a pedir cacahuetes, y gaseosas… ¡lo que fuera!), más mp3, más dormitar, más hablar, no hay más que comer… Anuncian el aterrizaje.

Ya está. Llevo 6 meses imaginando este momento, y este momento está llegando. Tengo esa sensación de estar a punto de conseguir aquello que uno lleva tiempo deseando, imaginando, figurando… y tengo la plena certeza de que mis expectativas no se verán frustradas (no sé por qué, pero me siento así... Raro, ¿verdad?).

Aterrizamos y curiosamente nos hacen esperar unos minutos por algo referente a una desinfección de no sé qué (yo pensé “por mí no será, esta mañana en el hotel, me duché, estoy absolutamente desinfectada”). Nos reparten unos formularios que hay que rellenar y entregar antes de ir a por el equipaje. Los rellenamos. Tengo mi pasaporte listo para que estampen en él el sello. Estoy pensando que abrazaré a quién me lo ponga, pero después desecho la idea. A lo peor me toman por loca y me encierran, ¡y no peleé tanto para luego acabar en el loquero!

Hay que hacer cola, largo tiempo. Esperamos. Avanzamos. Esperamos. Avanzamos. Esperamos. Avanzamos. “¡Siguente!”. ¡¡Vamos!!

Revisan mis papeles, mi pasaporte, y voilà, ¡ya tengo mi visa!

Hay que cambiar moneda. Antes del vuelo no hemos podido, solo nos daban dólares. Necesitamos pesos. Está todo nuestro equipaje en la cinta. Menos mal.

Hay que tomar un remís. Ya nos dijeron que mejor no tomar un taxi, por si acaso nos dieran un paseo turístico innecesario (ese es un mal común en todas partes). El aeropuerto Ministro Pistarini de Ezeiza está a unos 35 km. de la ciudad, y hay un colectivo (creo recordar, tal vez eran dos) que realizan el trayecto, pero es tarde, está a punto de salir el último y estamos cansados.

Localizamos un stand de remises. Lo mejor de esta idea, que yo desconocía, es que se paga por el trayecto, tarde lo que tarde, con lo cual, si hay atascos, no sufres por lo que te va a costar…

$70. Al cambio, unos 23 €. Ok.

El remisero coloca el equipaje, y me abre la puerta. Yo, siendo mujer independiente y medianamente culta no acostumbrada a que los taxis me tengan estas atenciones, cuando él está abriendo la puerta de la izquierda, estoy entrando por la de la derecha, que previamente he abierto yo solita. Al sentarme le pido disculpas (realmente no me di cuenta de la deferencia… me siento como una imbécil) y le comento que no suelen abrirme la puerta cuando tomo un taxi (a no ser que lo haga mi marido). Ya se sabe, la falta de costumbre.

Bip, bip, bip. Un sms. “%&$*@# le desea una feliz estancia”. Había activado el roaming, y me notificaban que ya había antenita para comunicarme. Aún conservo ese sms, y de vez en cuando hasta lo releo para recordar mi llegada a la Argentina.

No tardamos demasiado en llegar a la Capital Federal.

He reservado el hotel por internet, al igual que los boletos, y no tengo la más menor idea de si he elegido un barrio normal o si es zona peligrosa. Le pregunto al remisero. Me dice “sí, bueeeeeno, no está mal”. Mmmmm, ¿a ver si la cagué? No le veo convencido.

Miro ávida la ciudad por la ventanilla del coche, como queriendo grabar en el cerebro para siempre todas las imágenes que percibe mi retina. Todo es nuevo, pero a la vez, me es familiar. Es una de esas cosas que tiene Buenos Aires: me recibió y me sentí suya. Lo soy. Lo seré… siempre…

Llegamos al hotel. Ni bueno, ni malo. Ni cochambroso, ni lujoso. Ni céntrico, ni alejado. Correcto. No tengo queja, al menos de entrada.

Hacemos el check-in, nos muestran nuestra habitación y dejamos el equipaje. Hemos decidido no sacar la ropa de dentro, ni desmontar demasiadas cosas. Estaremos dos días acá, dos días allá, tres días en otro lugar, tres más en otro, cuatro en otro, luego dos otros… NO tenemos sitio fijo para demasiados días seguidos. No vale la pena perder el tiempo en doblar ropa, desdoblarla, colgarla y descolgarla…

En realidad llegamos a la Argentina con los pasajes del avión y dos noches en la Capital Federal: los 21 días restantes serán pura aventura… No sabemos dónde estaremos ni qué haremos al tercer día. Tenemos un plan mental, pero decidimos que tal vez conozcamos a alguien allá que nos diga que estaría bueno visitar algún lugar que no teníamos previsto. Si tenemos reserva, no puede improvisarse, y queremos improvisar al máximo.

Llamamos por teléfono para decir que hemos llegado bien y que ya nos comunicaremos. Hasta luego. Acabo de llegar, ahora no pienso en regresar.

¿Qué hacemos? No hay hambre (no me extraña, comí durante gran parte del vuelo). Es sábado noche, estamos en Buenos Aires, y sí, llevamos 12 horas de avión encima, el traslado al hotel, el check-in y todo eso, pero es sábado noche y estamos en Buenos Aires: ¡Salgamos! Y salimos.

Tomamos no sé qué calle, avanzamos no sé cuántas cuadras, cruzamos un parque y… Avenida 9 de Julio: EL OBELISCO. Luces por todas partes, tráfico… Me siento en casa. Es la sensación que tengo, me siento en casa. No estoy de paso, no me miran como a un bicho raro. Estoy en casa.

Cruzamos 9 de Julio. Avenida Corrientes.

Gente, gente, gente… Librerías abiertas a las 11 de la noche, abiertas a las 12 de la noche, abiertas a la 1 de la madrugada, espectáculos de teatro, musicales, salas de cine, restaurantes en los que cenar hasta altas horas de la madrugada. Más librerías. Más gente, mucha gente. Y nos disolvemos entre ellos, nos mezclamos, les seguimos, nos dejamos llevar, les escuchamos y nos sonreímos, nos saludan y les saludamos… Nos confundimos entre ellos. Estoy en casa…

12 comentarios:

Reich dijo...

No tengo muy claro si seguir leyendo tus posts sobre Argentina. Pretendo que sea mi próximo gran destino y me estás poniendo los dientes largos demasiado pronto...

Muuuuchos besos guapetona!!!

Akroon dijo...

Mmmmmmmmmmmmmmm... Puessssss cuando cuente lo mejor, te vas a comprar un pasaje de avión pero YA! Claro, que cada uno tendrá su experiencia... la mía fue más quie fantástica... Me volvería para allá ahora mismo!

Pero ten en cuenta una cosa: no me tomes muy en serio, más que nada porque luego pasa como con las películas, que te dicen "es buenísima!!" y esperas tanto, que después te decepciona...

Eso sí, si quieres alguna sugerencia o lo que sea, encantada de echarte una mano!!

Un besoooooooooo!

PS: y vete para allá... no lo duces, vete para allá... ojalá me pudiera meter en tu maletaaa!

Caracolo dijo...

en la mia cabes!

esta de blanditaaa

Arale dijo...

Dan ganas de pillar el primer vuelo que salga destino Buenos Aires!!!!
Algún día, cuando mi economía me lo permita me dedicaré a viajar!!!
Un besito.
Oio!!

Akroon dijo...

CARACOLO:

Mmmmm... seguro que quepo???? seguro????

ARALE:

Yo el verano pasado me lié la manta a la cabeza y me fui... Planifiqué algunos gastos, y adióssss... Consecuencias: este año no me puedo ir a ningún lugar, ni cerca ni lejos!! Pero me compensa... Espero que vengan muchas Fefas, suelten bien la mosca, y te puedas ir donde te apetezca!!!

Baciooooo a todos!

Cabeza Mechero dijo...

Joe, leyendo esto dan ganas de embarcarse ahora mismo hacia buenos aires. ¿Habrá algún vuelo para esta noche?
Saludos!

Sonnet dijo...

Argentina absorbe a cualkiere jeje. saludos

Peasho dijo...

No había leido estos dos posts por falta de tiempo... Me encantaría ir a Argentina, sí.... Se te ve muy identificada con ella y lo has vivido intensísimamente... Menuda aventura improvisada.

Un besote.

Akroon dijo...

CABEZA MECHERO:
Si encuentras vuelo para esta noche, y encima es barato, avisaaaaaaaa!
Supongo que tal vez haya quien no haya tenido buena experiencia viajando a la Argentina, pero la mía fue fantástica... tuvo sus cosas menos buenas, pero el balance fue genial.
Vete para alláaaaaaa! (eso sí, vuelve... o al menos, postea si te quedaras...!)
Un b-so!

SONNET:
Gracias por pasar! Sí, absorbe... Buenos Aires te absorbe, te llena de ella, y después te deja esa melancolía cuando te alejas... Aunque la Argentina es tan enorme y tan variada que ningún sitio es igual...!
Salu-2!!

PEASHO:
Poooooo zi... Lo has definido a la perfección: fue intenso.
Ir a la Argentina depende básicamente del precio que puedas encontrar del billete de avión, porque al cambio, estar allí te sale bastante bien de precio. Ya iré contando. Y lo del billete, es tener suerte. Yo estuve mirando precios de billetes cada día, cada día, cada día durante dos meses y medio en dos o tres agencias de viajes por internet, hasta que encontré una oportunidad por la mitad de precio de lo que cuesta normalmente... Si no, no hubiera podido ir.
Si un día te decides, te doy un par de consejillos!! jijii
Besazo!

Luis dijo...

Tiene que ser alucinante, algún día iré, no ´sé cuando, pero lo haré...

Sentí la misma sensación de "estar a punto de conseguir aquello que uno lleva tiempo deseando, imaginando, figurando..." cuando llegué a Roma el pasado mes de octubre para quedarme 6 meses...

Un beso enorme.

Akroon dijo...

LUIS:
Estuve leyendo hace un tiempo sobre tu viaje a Roma, y entendí muchas de las sensaciones que describías... Yo solo estuve tres semanas, así que seguro que la sensación de melancolía y añoranza que puedas tener tú es más fuerte que la mía (lo cual debe haber sido una "tortura"...!).
Me alegro de verte de vuelta... muchísimo!
B-sooo!

Rosa Llovizna dijo...

=)